BRASIL: RONALDINHO PASA SU CUMPLEAÑOS EN LA CÁRCEL

Foto: @DeChalaca

Crack dentro de la cancha pero con manchas fuera de ella. Dotado de una magia y una alegría que ni siquiera Lionel Messi o Cristiano Ronaldo mostraron, el astro de Porto Alegre nació hace exactamente cuatro décadas y hoy, a un lustro de haberse retirado, festejará su cumpleaños encerrado en una cárcel de Paraguay.

La tapa del diario As de España, matutino deportivo por excelencia a nivel mundial, lo graficó con su traje de presidiario, una barba que comenzó a ser tupida, y un dato escalofriante: en 2015 tenía una fortuna de 83 millones de euros que claramente no administró como se debía.

Ronaldinho cruzó a tierras guaraníes hace más de una semana con documentación falsa. Las autoridades del Paraguay lo detuvieron y, desde ese entonces, quedó como recluso en una cárcel donde hasta pudo participar de un campeonato de fútbol que claramente conquistó con su equipo a poco tiempo de haber llegado a prisión.

Gremio, Paris Saint Germian, Barcelona, Milan, Flamengo, Atlético Mineiro, Querétaro y Fluminense fueron los clubes que cobijaron las más exquisitas delicias de un deportista que hizo lo que quiso con la redona cerca suyo. Dueño de un talento indescriptible, fue campeón del mundo con Brasil en el Mundial de Corea y Japón 2002 así como también de la Copa de las Confederaciones que se llevó a cabo en Alemania 2005. También levantó el oro en América allá por 1999 en el inolvidable certamen donde Martín Palermo falló tres penales para la Selección Argentina.

Lejos de los flashes, Ronaldinho no pudo afrontar varias deudas en su país de origen. No obstante, él cruzó a Paraguay con documentación apócrifa. Se sacó fotos con toda la gente del servicio penitenciario con la misma felicidad con la que transitó las canchas de fútbol. Sonrió para las cámaras, creyó que estaba nomás de paso, que era un trámite, un salir de los camarines y retratarse con sus fans. Pero se quedó adentro. Y hoy festeja sus 40 años de vida en el momento más duro de todos, lejos de sus seres queridos, y sin ver el sol que lo iluminó cada vez que tocaba la redonda.

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