INDEPENDIENTE: 28 AÑOS DE LA DESPEDIDA DEL BOCHA

Tapa de "El Gráfico", edición 3502.

Tapa de "El Gráfico", edición 3502.

Un 19 de Diciembre, pero de 1991, el fútbol despedía a uno de esos jugadores que mejor trataron a su mejor amiga, la caprichosa número cinco. El maestro dio su última función en su partido despedida, como no podía ser de otra manera, en La Doble Visera, ante todo el pueblo rojo, envuelto en ovaciones y cánticos propios del denominado «Rey de Copas».

Ricardo Enrique Bochini, nacido en Zárate en el año 1954 (actualmente es dueño de unos dignos 65 años llenos de gloria), supo debutar en la Primera División a los 18 años frente a River Plate, dando así inicio a un romance con el balón y con el Club Atlético Independiente que no tendría final.

En la contemporaneidad, es difícil pensar en uno de esos jóvenes «cracks» que surgen en el fútbol argentino, permaneciendo en el club que lo vio nacer al menos dos años y medio. La economía mundial actual, y los intereses personales tal vez influyen en las decisiones y la mentalidad de aquellos grandes futbolistas. A raíz de esto, vale la pena destacar que el «Bocha» defendió la camiseta de Independiente durante nada más, y nada menos que 19 temporadas consecutivas: toda su carrera se desarrolló en el mismo club.

Fueron 691 partidos oficiales los que disputó con la camiseta roja: prácticamente la tiene tatuada en su piel. 103 gritos sagrados de gol en su haber, 103 veces haciendo vibrar las gargantas rojas. Pero, ¿cuántos goles deberían habérsele adjudicado a sus tan brillantes asistencias?.

Además, supo ganar nueve títulos internacionales con el club (4 Libertadores de América, 3 Copas Interamericanas, y 2 Copas Intercontinentales), y cuatro títulos Nacionales. Sin mencionar que con la Selección Nacional, logró levantar la Copa del Mundo en México 1986, junto a Diego Armando Maradona (confeso admirador de la magia de Bochini).

Desde los números, sin dudas que lo del «Bocha» es impactante. Pero más impactante era verlo jugar. A quienes no pudimos verlo dentro del verde césped (entre ellos, el autor de este texto), solo nos quedan aquellos relatos de nuestros padres y abuelos, que aún vibran al contar sus hazañas, y pareciera que vuelven a deslumbrarse con sus virtuosas jugadas cada vez que las mencionan. La tecnología nos brinda la posibilidad de ver videos de aquellas grandes maniobras del número «10», con aquella pisada inconfundible, esa vista milimétrica, y esa precisión para realizar envíos con gran efectividad que lo caracterizaba (tanto que aquellos pases filtrados, pasaron a la historia bajo el mote de «bochinescos»).

Goles en partidos decisivos, ponerse el equipo al hombro en las malas, y sentir la camiseta de Independiente tan propia como nadie nunca podría hacerlo: sencillamente un jugador irrepetible. De esas joyitas que a veces el destino decide regalarnos. Aplaudido por rivales en varias oportunidades, humilde, el «Bocha» siempre quedará como un ícono del fútbol argentino, y (por si cabe alguna duda) como el máximo ídolo de la rica historia de los «Diablos Rojos».

La última función Ricardo Enrique Bochini, fue en aquel partido despedida de 1991, pero la última oficial, había sido unos meses antes: el 5 de mayo, en La Doble Visera frente a Estudiantes de La Plata. Una fuerte infracción de Pablo Erbín, le provocó un severo esguince de rodilla que lo obligó a retirarse del campo. Su rodilla empeoró y las lesiones le impidieron volver. A los 37 años, se retiraba oficialmente del fútbol.

Anecdóticamente, el partido despedida, se daría entre un elenco vestido de blanco (compuesto por ex compañeros y amigos del «10») frente al plantel titular de aquel año, vestido de color rojo (quienes ganaron el encuentro por 6-4). Obviamente, marcó un gol, estampando el balón en el ángulo… ¡para no perder la costumbre!.

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