ESTUDIANTES DE LA PLATA: A DIEZ AÑOS DE LA FINAL CON EL BARCELONA

Gentileza: FIFA

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El día 19 de Diciembre del 2009, todo el grueso futbolero del país se encontraba expectante por lo que sería una nueva final del Mundial de Clubes: en Abu Dabi se enfrentaban Estudiantes de La Plata y el Barcelona.

El elenco «pincharrata» llegaba a disputar el certamen luego de escribir una página más en su rica historia en torneos internacionales, luego de derrotar en la instancia final de la Copa Libertadores a Cruzeiro. El partido de ida de aquella final había concluido en un 0-0 rotundo en el Estadio Único de La Plata. La vuelta sería victoria para el «León» por 2-1 (La «Gata» Fernández, y Mauro Boselli daban vuelta el marcador, luego del tanto de Henrique, que adelantaba a los brasileños), que rugió más fuerte que nunca en una noche que acabó por tener sabor a hazaña debido al contexto (un Mineirao colmado) y al desarrollo del encuentro. Estudiantes alcanzaba su cuarta Copa Libertadores luego de 39 años sin lograr el máximo título a nivel sudamericano.

Por su parte, los «Blaugranas» disputaban el prestigioso torneo gracias a la obtención de la Champions League. Los dirigidos por Pep Guardiola, lograban levantar la orejona ganándola de punta a punta mediante un fútbol increíblemente vistoso y virtuoso. Un equipo calificado como «el mejor de todos los tiempos» por varios medios y personalidades prestigiosas del ambiente del fútbol mundial. La final del certamen sería frente al Manchester United de Alex Ferguson, que sería derrotado por 2-0, con goles de Samuel Eto’o y de un iluminado Lionel Messi. Los oriundos de Catalunya obtenían la tercer Liga de Campeones de la UEFA.

El partido disputado entre Estudiantes y Barcelona, no fue un partido más. Desde ya, ninguna final lo es. Pero aquí se enfrentaban historias, escuelas de pensamiento futbolístico con tácticas por momentos antagónicas, y dos formas de concebir y comprender el fútbol. Ambas instituciones, poseen una característica que no muchos clubes poseen de una forma tan radical: una clara identidad de juego a través de los años. De un lado, el «Bilardismo» con sus raíces platenses, del otro, el «Tiki-Tiki» característico de «La Masia» del Barcelona.

Estudiantes formó aquella noche con: Albil; Cellay, Desábato, Ré, Díaz, Clemente Rodríguez; Enzo Pérez, Braña, Verón, Benítez; Boselli (Ingresarían luego: Sánchez, Núñez y Rojo). Mientras que el Barcelona salía a la cancha con: Valdés; Alves, Puyol, Piqué, Abidal; Busquets, Xavi, Keita; Messi, Henry, Ibrahimovic (Ingresarían luego: Pedro, Touré y Jeffrén Suárez).

Desde el minuto cero el choque fue minucioso y puramente táctico, mucho más que una partida de ajedrez. La intensidad por parte del «Blaugrana» (esta vez, con una casaca naranja flúo), era contrarrestada por la concentración y el compromiso táctico de los habitualmente rojiblancos (enteramente de blanco para disputar aquellos 120 minutos).

Mauro Boselli, con un frentazo devastador, adelantaba al «Pincha» a los 36 minutos de la primer etapa. Estudiantes comenzaba a llevar el partido hacia donde le era más cómodo: adelantarse en el marcador no era nada fácil ante un elenco plagado de estrellas mundiales. Pero tampoco era fácil mantener aquella diferencia el resto del partido.

Luego del frenetismo y la dinámica que proponía la noche, llegaría el empate para los europeos: Pedro ponía la paridad faltando apenas dos minutos para la conclusión del partido. La euforia se adueñó del banco del Barcelona, que unos instantes antes comenzaba a comerse las uñas y agarrarse la cabeza, sin poder entrarle al duro «León» que se aferraba con sus garras a la ventaja que había alcanzado.

El infaltable, Lionel Messi pondría arriba a los Guardiola, definiendo con el pecho…si, con el pecho. A los 108 minutos del alargue, el elenco multicampeón pasaba al frente en el marcador, echando por tierra todos los esfuerzos de los oriundos de La Plata. Estudiantes seguiría insistiendo sobre el final, buscando un empate agónico, pero se toparía con un Victor Valdés imbatible, y un destino que no quiso que se encontrara con la gloria.

El Barcelona se quedó con la copa (su primer título en un Mundial de Clubes), pero ¿quien le quita a los de Sabella, y a todo el pueblo «Pincharrata» el haber jugado de igual a igual, frente al mejor XI de todos los tiempos?. Apenas unos pocos minutos lo separaron de levantar el trofeo más prestigioso a nivel del clubes. Como no podía ser de otra manera, el fútbol sorprende, un día te da, y al instante te quita. Tal vez por eso, despierta tanto amor y pasión en aquellos que lo seguimos con tanto fervor en el día a día. El factor sorpresa, aquella dependencia eterna que tiene y tendrá el marcador, para con el azar, el instante, aquellos segundos, aquellos milímetros, que definen a aquél que sale victorioso (y a aquél que vuelve con la cabeza gacha).

De esta manera es que hoy, merece ser recordado un encuentro que sin ninguna duda siempre quedará en la retina de todo futbolero, y que seguramente habrá influido en la forma en que muchos otros equipos decidieron jugarle al Barcelona en un futuro.

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