TIGRE: LA FIESTA DEL MATADOR A PESAR DE NO QUEDARSE CON LA «VICTORIA»

Por: Marcelo Patroncini

«Me dicen el Matador nací en Victoria» se escuchaban el griterío a un par de cuadras del José María Minella en Mar del Plata y a dos horas del inicio de la final ante Racing por el Trofeo de Campeones. La avenida Independencia, en La Feliz, era una marea de autos particulares y micros embanderados en azul y rojo que demostraron todo su amor por los colores, por el club, y alentaron fervorosamente incluso con la derrota consumada.

«Tigre yo a vos te quiero, yo te sigo desde pendejo, ni Gallina, tampoco Bostero…» deliraba la tribuna sur colmada en un cien por ciento mientras sus rivales recién empezaban a entrar al estadio. La ilusión de la gente que iba en búsqueda de una nueva estrella no entendía de kilómetros ni de horas. Faltaban más de ciento veinte minutos para que empiece la acción verdadera en el verde césped.

Bengalas, globos, enorme colorido y un aliento imparable. Nada los hizo callar. Ni el primer gol de Matías Rojas, ni tampoco el segundo. «Racing sos cagón» le entonaron a la Academia y luego siguieron con el «no tengas miedo, podés cantar». La euforia era tal que todos se quedaron hasta que los directivo de Superliga le entregaron las medallas a un plantel que supo regalarles la mayor de las alegrías en junio pasado.

El 2 a 0 en favor de Racing no apagó la fiesta en la tribuna de Tigre que agitó sus estandartes y entonó el famoso: «es un sentimiento no puedo parar». Mientras los organizadores preparaban el escenario para premiar a sendos elencos, el equipo de Néstor Gorosito fue a aplaudir a los suyos. Y la banda de Victoria le regaló una última canción, ya casi afónicos, retribuyendo la entrega de los profesionales: «Señores los dejo todo, me voy a ver a Tigre, porque los jugadores me van a demostrar, que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo…».