RACING: VEINTE AÑOS SIN LA QUERIDA «TITA» MATTIUSSI

Foto: Diario Olé - www.ole.com.ar

Hay heridas que no cierran ni siquiera con campeonatos. Incluso ya pasaron 20 años, más de la mitad de aquellos 35 nefastos de espera, y el dolor sabe a eterno. Porque aquél 3 de agosto de 1999 poco importaba la quiebra si la Academia recibía otro duro golpe como la muerte de su madre más genuina. Así, en el gélido invierno de finales de siglo, se despedía para siempre Elena Margarita Mattiussi.

«Yo pensaba morir acá pero no sé, a no ser que muera a mi manera» dijo Tita un reportaje a TyC Sports. Y es que ese ´acá´de ella era Racing, el lugar donde nació, el espacio en el que creció, los colores que amó desde el primer segundo hasta el último.

Sin haberse casado nunca, Mattiusi tuvo miles de hijos. Todos los hinchas, jugadores y entrenadores de la Academia trataron siempre a esta mujer como a una madre; y en verdad lo era. Así es como el «Turco», Claudio Omar García, recordó una historia de las infinitas que existen en torno a su vida: «Normalmente, cuando acababa el entrenamiento, ella salía de abajo de la tribuna y me llamaba a mí, a Rubén Paz y a Cacho Borelli que era con los que más confianza tenía. Ahí nos decía ´cuando se terminen de bañar, vengan que está la picadita´. Y nosotros tenemos una anécdota muy linda: Tita nos re puteaba porque cuando terminábamos de comer no quería dinero, nada, y ella no ganaba como para hacer una picada. Entonces, cuando se descuidaba, le dejábamos la plata abajo del mantel y después nos corría, nos puteaba y nos quería devolver la plata. La verdad que fue una persona excepcional, de buena madera y que quería mucho al club. Por eso yo estoy orgulloso de que al predio de Racing le hayan puesto «Tita Mattiussi».

Otra gloria de la institución como Walter Fernández también quiso recordarla. «Era toda bondad, una mujer maravillosa, siempre sufriendo por todos. Te daba lo que no tenía, no te podías ir sin verla en cada entrenamiento. Era maravillosa» destacó el lungo ex delantero que se alzó con la Supercopa en 1988.

La nefasta dirigencia de aquella época no dejó morir a Elena Margarita Mattiussi en el Cilindro como pensaba. O mejor dicho, la dejó morir pero en otro lado. A escasos metros, en el hospital Fiorito, cerró sus claros ojos para toda la eternidad.

Pasaron 20 años, dos décadas, y esa herida seguirá abierta. No habrá otra persona igual. «Racing es mi vida» decía constantemente y era completamente cierto. Por eso mismo, Tita, es tan grande que no tuvo una calle con sus nombre. Tita tiene todo un predio.

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