Gentileza: Spurs

Tal y como reza nuestra canción patria, alta en el cielo, una camiseta de un guerrero, audaz se eleva en vuelo triunfal. La número 20 de Emanuel Ginobili quedará inmortalizada para siempre en el AT&T Center, la casa de los San Antonio, la casa del Manu por sus 16 temporadas ininterrumpidas y gloriosas en la élite del básquet mundial. Una ceremonia tan emotiva como inolvidable, uniendo Estados Unidos, Argentina y el resto del mundo para decirle #GraciasManu.

El máximo símbolo del básquet argentino y latinoamericano, retirado desde esta temporada en la competición oficial, merecía un homenaje como el que recibió en San Antonio. El jueves 28 de marzo, en un AT&T repleto, miles de fans de los Spurs se juntaron con la excusa del partido ante los CAVS pero con el verdadero objetivo de decirle adiós, por última vez, a Manu, nuestro Manu. El hombre que llegó sin nada y se fue con toda la gloria, incluyendo 4 anillos y un lugar en el Salon de la Fama.

Ya desde la previa, con la casa de los texanos completamente ploteada bajo el lema “Gracias Manu”, la jornada se llenó de emoción. ESPN en su transmisión especial recordó toda la carrera del bahiense, desde Andino y sus inicios, su paso por Italia, sus coronas con la Selección Argentina y, por supuesto, sus mayores triunfos (y derrotas, que también las tuvo) en la NBA. Luego, y con el himno argentino sonando en la previa, llegó el momento del encuentro entre los locales y Cleveland, una simple pausa para tanta lágrima derramada. Para colmo, en el entretiempo, Adrian Paenza lideró una mesa junto a algunos valores, y principalmente amigos, de la Generación Dorada, compuesta por Oberto, Nocioni, Prigioni, Montecchia, Pepe Sánchez y Gaby Fernández, donde recordaron anécdotas tan divertidas como emotivas.

El juego continuó, los Spurs debieron batallar más de la cuenta pero finalmente se hicieron de la W con un ajustado margen. Concluído el cotejo, ahora sí, fue el momento de la ceremonia propiamente dicha: a un costado, Tony Parker, Fabricio Oberto, Gregg Popovich y Tim Duncan, aquellos que marcaron la carrera de Manu. En la otra esquina, sus tres hijos y su esposa, aquellos que marcaron la vida de Manu.

Uno a uno, los ex compañeros fueron tomando la palabra. Primero el francés que, entre bromas, dijo que Ginobili era único y que de no ser por el argentino, su carrera no hubiese sido la misma; Oberto destacó, además de jugador, a Manu como amigo, recordando tiempos dificiles donde sufrió una intervención quirúrgica de corazón y junto a él estuvo, todo el tiempo, el bahiense; Popovich, emocionado como pocas veces, remarcó los orígenes, la evolución, el carácter y la aceptación del rol que ocupó su dirigido; por último, y con su seriedad característica, Duncan destacó y agradeció a Manu por tantos años de compañerismo, gloria y amistad.

Tras este momento, el homenajeado se hizo del micrófono y repartió agradecimientos a esos que los ayudaron a ser lo que fue: único. A los fans de los Spurs; a los técnicos que tuvo, principalmente a Popovich y Messina; a los compañeros de franquicia; a los que ayudan en silencio, como médicos, entrenadores, asistentes; a sus amigos de la Generación Dorada, un grupo tan increíble como irrepetible; a sus padres, pilares fundamentales en sus inicios y sus momentos duros; y por supuesto, a su mujer, Marianela, aquella que soportó tantos años de viajes, sacrificio y esfuerzos.

Terminado el diálogo de Manu, el AT&T proyectó un video recordando los gloriosos momentos del argentino. Y luego, y para siempre, la camiseta número 20 apareció en lo más alto junto a otras 8 ya retiradas. La número 20 que colgará, por los siglos de los siglos, y recordará toda la gloria de Ginóbili. La número 20 que ya nadie podrá volver a usar en los Spurs y que será, para siempre, para Manu. La número 20 que comenzó siendo vestida por un joven entusiasta y termina siendo inmortalizada por una leyenda del básquet. Cierre de película para una historia tan magnifica, repleta de gloria que llegó gracias al esfuerzo y dedicación. Y, así como reza nuestra canción patria Aurora, la 20 que “audaz se eleva en vuelo triunfal” para ya nunca más descender.

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