DIEGO ARMANDO MARADONA: SU PRIMER GRITO SAGRADO CUMPLE 42 PIRULOS

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El 14 de noviembre de 1976, todas las miradas del mundo futbolero estaban puestas en Nuñez. Ese domingo, en el Monumental, jugaban River Plate y Boca Juniors una edición más del clásico. El equipo de la ribera se llevó el triunfo por 2 a 0 con goles de Ernesto Mastrángelo y Darío Felman y ese encuentro, como suele ocurrir, fue la portada de todos los periódicos del lunes siguiente.

Ese mismo día, a 400 kilómetros de la Capital Federal, en el extinto estadio General San Martín de Mar del Plata, por la Zona D del Torneo Nacional 1976, jugaban San Lorenzo de dicha ciudad balnearia y Argentinos Junios. Tras un primer tiempo equilibrado, se fueron al descanso igualando en un tanto por lado, sin embargo, los de La Paternal tenían en el banco la carta ganadora.

Para disputar el complemento, Jorge Enrico, director técnico de los Bichos Colorados, mandó a la cancha al juvenil Diego Armando Maradona en reemplazo de Rubén Giordano. Por ese entonces, Diego era más conocido como “Pelusa” y, para quienes concurrían a los partidos que Argentinos disputaba en su cancha, era el pibe que haciendo jueguitos con la pelota, los dejaba boquiabierta en los entretiempos.

Luego de debutar ante Talleres de Córdoba cuando aún le faltaban diez días para cumplir 16 años y tener la desfachatez de tirarle un caño a Juan Cabrera, fue titular ante Newell’s Old Boys y Ferrocarril Oeste en los partidos siguientes de Argentinos para volver a ingresar como relevo ante Huracán de Comodoro Rivadavia, Maradona entraba a jugar su quinto encuentro como profesional.

Su influjo cambió rotundamente el trámite del encuentro. Con el dorsal número 15, cada vez que el chiquilín tomaba la pelota se hacía imparable para sus marcadores. El conjunto porteño ganaba por 3 a 2 con tres tantos de Carlos Álvarez, mientras que Norberto “Cacho” Eresuma había convertido las dos dianas para el elenco de La Perla del Atlántico, y todo se encaminaba para ser el score final del encuentro.

Diego no había conseguido marcar goles en sus cuatro partidos jugados y esa tarde en La Feliz, asistió a Álvarez en el tercer gol pero parecía que tampoco se le daría al joven de Villa Fiorito, dado que en dos oportunidades, los palos fueron víctima directa de su prodigiosa pegada. Sin embargo, cuando transcurría el minuto cuarenta y dos, tomó el esférico y luego de eludir tres rivales, le cedió el preciado objeto a Jorge López, fue a buscar la devolución y, con un zurdazo rasante y cruzado, venció a Rubén Lucangioli anotando su primer gol como profesional.

En ese mismo cotejo, tres minutos más tarde, con un cabezazo bombeado por encima del portero local, tras ser asistido por Rodolfo Ingaramo, volvió a convertir para sellar el 5 a 2 definitivo, aunque con los flashes apuntados al River – Boca, poca repercusión tuvieron esos goles en los medios de entonces.

El destino, caprichoso como suele ser en tantas oportunidades, dispuso que el mismo rival, pero en La Paternal, cuatro años después, también fuese a quien Diego le convierta el gol número cien de su carrera.

La recaudación de ese encuentro fue de $353.800 y asistieron oficialmente 1335 espectadores, aunque muy probablemente, si se hiciera una encuesta entre los marplatenses longevos, varios miles de ellos asegurarían que ese domingo estuvieron en el estadio General San Martín y,  aunque no hay material filmico de dichos goles, porfiarían a muerte que vieron ese debut del Diego en la red con sus propios ojos.

En una entrevista posterior, Alejandro Mascareño, jugador de San Lorenzo confesó que su entrenador, al ingresar al vestuario post partido, le reprochó enfadado “Es una vergüenza que un ‘borrego’ venga a bailarlo a usted”, seguramente, sin tener en cuenta que con el tiempo, se convertiría en, para muchos, el más grande futbolista de la historia.

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