DEJAR TODO POR LA PASIÓN, LA HISTORIA DE KIKI VAPORAKI

Foto: xbocajrs

Jugar al futbol en el patio de su casa no era la mejor opción para Constantino “Kiki” Vaporaki (28) cuando era chico. Las temperaturas de Tierra Del Fuego lo hicieron fanatizar por el Futbol de Salón (Futsal), “un juego 80% de la cabeza, y 20% del cuerpo” caracterizado por cinco jugadores por cada equipo, por la rapidez y la ausencia del off-side como el futbol tradicional. En comunicación con Vermouth Deportivo contó su historia, logros y un planteo sobre el deporte en el país: “Lo que le falta al Futsal argentino es infraestructura”.

Nacer en una provincia lejos de la capital del país y vivir la pasión por un deporte es de lo más complicado que viven los jóvenes, ni imaginar si tu provincia es “el fin del mundo” y la sede central del Futsal está a 3101 km de tu casa. Decidir mudarse y dejar todo, como lo habían hecho anteriormente sus dos hermanos, con tan solo 18 años fue por lo que pasó uno de los mejores jugadores del país. Llegó a la gran ciudad e inmediatamente tuvo lugar en la reserva de Boca Juniors, ansioso por jugar todos los partidos decidió pasarse al club de Parque Avellaneda, América del Sud, allí aprendió mucho y logró su primer llamado de la Selección Argentina.

Devuelta en el club de La Boca, comenzó a sobresalir y fue llamado para jugar en España. “En Europa es todo más organizado, antes de que empiece la temporada vos ya sabes las fechas de los partidos, acá te enteras con muy poco tiempo de anticipación. ¡No podes organizar nada a futuro porque no sabes si vas a tener que jugar ese día!”. A pesar del buen desarrollo del calendario, los clubes Montesinos Jumilla y Peñiscola de España no fueron una buena experiencia, la cabeza es lo que más pesa en cada partido y sin una contención dentro del equipo, Kiki no se lucía como en Argentina. Jugó una temporada y decidió volver al país, la Selección lo siguió llamando y los logros volvieron a llegar. Campeón de América con Boca en 2015 y el salto mayor, un gran logro para el deporte en todo el país, ganar el Mundial en 2016. Un juego no tan nombrado en la TV, y nunca escrito en los diarios, toma relevancia cuando el equipo argentino alcanza los octavos de final. Los partidos se empezaron a transmitir en vivo y los hinchas se multiplicaron. “Prensa, seguridad, era todo muy loco. Cuando llegamos nos empezaron a llamar de canales y radios para entrevistas”, Kiki comenta que fue una gran publicidad para el deporte, pero que “lo que le falta al Futsal argentino es infraestructura, no puede ser que Boca no tenga tribunas, y River ni siquiera una cancha. Si los dos equipos más grandes no lo tienen, no podes esperar demasiado de los demás”.

Hoy en día es parte del plantel de Boca Juniors, fueron campeones en 2017 y buscan el bicampeonato. Juega junto a su hermano Alamiro, quienes juntos crearon el “Centro de Futsal Vaporaki” lo que comenzó como unas clases a las amigas de su novia, se convirtió en una escuelita que cuenta con dos ligas de mujeres, un equipo de tercera y otro de cuarta. Buscan seguir creciendo y lograr el gran objetivo de tener canchas propias.

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