HURACÁN 1 – VICTORIANO ARENAS 0: SUSPENDIDO POR UN DILUVIO DE «JULIO»

No debía haber comenzado. No tenía sentido. Por Temperley a quien le iban a destrozar el campo de juego, pero también por el Globo y el CAVA que debían ser protagonistas de un partido que tuvo como actor principal al agua y, como artista invitado, al arbitraje de Julio Barraza que fue quien dio la orden de arrancar la contienda a pesar del imparable aguacero que azotó al Gran Buenos Aires durante gran parte del miércoles.

Se disputaron solamente 45 minutos del encuentro por 32avos de final de Copa Argentina entre Huracán y Victoriano Arenas. En ese lapso, el conjunto de Parque Patricios logró ponerse en ventaja gracias a un penal convertido por Andrés Chávez. No obstante, más allá del 1 a 0, el desarrollo fue realmente parejo y, los de Valentín Alsina, hasta tuvieron alguna que otra oportunidad para emparejar el score.

El elenco de Sergio Geldstein tuvo en Jonathan Smith y Nahuel Gómez las armas necesarias como para hacerle frente a un rival con jugadores de renombre. La clase de Patricio Toranzo para hilvanar algún ataque a pesar de los charcos, los destellos de Juan Garro que ya empezó a desequilibrar con la camiseta del Quemero y la presencia en todas sus líneas del esquema de Gustavo Alfaro lograron también un buen papel para el conjunto de Parque Patricios.

Al minuto de juego fue amonestado Gómez en el CAVA por una dura entrada producto de lo resbaladizo que estaba el terreno de disputa. Pasado el cuarto de hora, Chávez de penal superó a Fernando Martínez y rompió la paridad en el Teatro de los Sueños de Turdera. Después fue Matías Coselli quien, con dos remates, llevó algo de peligro hacia la retaguardia del Globo. Lo cierto es que las condiciones no estaban dadas para el normal desarrollo de un partido de fútbol.

Una vez terminado el entretiempo salió el árbitro al campo de juego. Lo recorrió. Llamó a Federico Mancinelli y Luciano Venturini, los capitanes de sendas escuadras y lo suspendió. Pudo haberlo hecho antes pero no quiso. Incluso dejó que el público se moje quince minutos más durante el descanso cuando, a las claras, el césped del Alfredo Beranger pedía piedad. Claramente el encuentro nunca debió empezarse. Pero el colegiado así lo dispuso a pesar del diluvio de «Julio» en otra tormentosa noche de Barraza.

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