FRANCIA 4 – ARGENTINA 3: A LA SUERTE HAY QUE AYUDARLA Y NO LO HICIMOS

No se puede depender de la suerte. El fútbol es estrategia pura y Argentina no la utilizó en ningún momento de su derrota ante Francia. Y el 4-3 en contra está bien. Los «Blues» leyeron mejor el partido y aprovecharon sus fortalezas: la velocidad, las contras rápidas y la capacidad de toqueteo de la mitad de la cancha. Jorge Sampaoli le pifió al planteo y la bomba explotó. La Albiceleste volvió a mostrar ese corazón que tanto pedimos pero con eso solo no alcanza. Se debe jugar y no se hizo.

Cuando el único disparo al arco es un zapatazo desde treinta metros con pinta épica, quiere decir que algo anda mal. La búsqueda del resultado estuvo aunque el desorden controló la piel de los jugadores. El mediocampo entre Ever Banega y Enzo Pérez no funcionó y ahí se perdió el partido. Lionel Messi quedó perdido entre los centrales y luego, tuvo que retroceder para dejar el área sin ninguna referencia. La corrida de Kylian Mbappe nos tumbó y la definición de Antoine Griezmann en el penal (para nosotros, afuera) nos liquidó. Lo bueno que tiene el fútbol es que hasta en los peores momentos se puede respirar y Ángel Di María lo hizo posible con ese tremendo golazo. La reacción podía llegar ante la presencia de un tanto anímico.

La suerte volvió a aparecer como un rayo de sol en el tiro de Leo y el rebote de Gabriel Mercado aunque, como dice la frase, a la suerte hay que ayudarla. No la ayudamos ni de cerca. Defendimos mal. Muy mal. El cambio de Federico Fazio por Marcos Rojo (amonestado) hizo más lento al fondo y lo penamos. Llegó el empate (de Benjamin Pavard) y otra vez, Mbappe nos sacó a bailar con dos tiros al arco de knock out que desnudó nuestras propias falencias. Los franceses, cerrados y Argentina, con la responsabilidad de salir a buscar un descuento con una falta de creatividad notoria. El tiempo nos regaló el pase magistral de Messi a Agüero para el descuento. Pero no hubo un plan y la lectura del duelo fue incorrecta.

Hay que aceptar la superioridad de Francia. Más rápidos, más simples, más equipo. En todo fueron más y el marcador no miente. No lo decimos con el diario del lunes, lo decimos por lo que pasó en la cancha. O acaso, ¿eso no es lo que importa? La planificación albiceleste quedó desplazada en la cancha ante un rival que cuando apretó el acelerador lo lastimó. Nos vamos de la Copa del Mundo de Rusia 2018 con un sabor amargo. Nos entristece por las ganas de los jugadores. Nos entristece por los hinchas que ganaron su Mundial, el del aliento y el de la incondicionalidad. Nos entristece por la camiseta que se ensució otra vez con una dolorosa caída.

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