CONTADOR MUNDIAL: 25, TOQUE SI QUIERE GANAR

El Contador Mundial no se detiene y Vermouth Deportivo tampoco, amainamos la espera para Rusia 2018 utilizando la cantidad de días faltantes como disparador para contar historias. Los Mundiales tocan la fibra intima del Pueblo Futbolero y entregan momentos imborrables para los que amamos este deporte. Hay situaciones puntuales, goles, jugadas que quedan por siempre grabadas en la retina y un claro ejemplo es lo que recordemos a continuación, esos 25 toques que precedieron el golazo de Esteban Cambiasso a Serbia y Montenegro en 2006.

16 de junio de 2006, unas 35 mil personas estuvieron presentes en el por entonces FIFA WM-Stadion de Gelsenkirchner, Alemania. La Selección Argentina de Fútbol, conducida por José Néstor Pékerman, hacía su segunda aparición en la Cita Máxima enfrentando a su par de Serbia y Montenegro encabezada futbolísticamente por Dejan  Stankovic, Mateja Kezman y Savo Milosevic.

La Albiceleste venía de superar con lo justo a Costa de Marfil en el debut mientras que el rival de turno había caído por la mínima ante Holanda, claramente este cotejo se trataba de un quiebre de cara a la clasificación. Argentina formó con Roberto Abbondanzieri; Nicolás Burdisso, Roberto Ayala, Gabriel Heinze, Juan Pablo Sorín; Luis González, Javier Mascherano, Maximiliano Rodríguez; Juan Román Riquelme; Javier Pedro Saviola y Hernán Crespo.

La tensión del cero se rompió rápidamente a favor de Argentina, en apenas seis minutos con una combinación por izquierda entre Maxi Rodríguez, Sorín y Saviola que la propia Fiera transformó en gol ingresando al área. Once más tarde Lucho González dejó el campo de juego por lesión reemplazado por Esteban Cambiasso.

Y alcanzando la media hora llegaría el tremendo momento de lucidez, la feliz expresión artística que aseguró un lugar en la memoria y corazón de todo argentino que estuviera contemplándolo. Maximiliano Rodríguez persiguió en tres cuartos de campo propio a Ognjen Koroman y robándole la bocha dio inició al primer toque ubicando a Gabriel Heinze. La secuencia siguió con Javier Mascherano, Riquelme, Rodríguez, Sorín, Maxi, Juampi, Mascherano, y nuevamente Román. El Diez cambió la banda de ataque ubicando al Ratón Ayala, el toqueteo siguió con Cambiasso, Masche, Maxi Rodríguez y la apertura por izquierda a Sorín. Otra vez Maxi, Cambiasso, Román, Mascherano y Sorín; el marcado de punta cambió el ritmo encontrando a Saviola y este descargó otra  vez en Riquelme, quien devolvió pared al Conejo con la más simple de las magias.

Saviola limpió para el ingreso a la medialuna de Cambiasso, Cuchu la metió por primera vez en el área en donde Hernán Crespo pivoteó y de taquito habilito la arremetida del propio Esteban Matías Cambiasso, quien con un impecable zurdazo hizo explotar la bocha a la derecha del inmóvil golero Dragoslav Jevric. Golón, golazo, arte-arte-arte, la belleza de este deporte en su máxima expresión y locura total Albiceleste.

Fue el primer y único gol de Cambiasso en Mundiales, Esteban participó en los cinco cotejos que la Selección disputó en aquella Copa. La paliza se consumó con las dianas de Maxi Rodríguez, Hernán Crespo, Carlos Tévez y Lionel Messi, lo que siguió en aquel Mundial es conocido por todos y seguramente ocupará líneas en algunas próximas entregas de esta sección. Pero el objetivo de esta historia es recordar ese breve momento que pasó a la inmortalidad, un gol que no significó títulos pero sí confirmó una forma de sentir el fútbol en nuestra tierra.

Nos dicen que para ganar hay que sacarla, hay que pisar al rival, hay que dejar hasta la última gota de sangre; quizás la respuesta sea otra, quizás baste con intentar poner a la pelota en el centro de la escena. Cuesta, es difícil, resulta más trabajoso enseñar a manejar la redonda que instruir sobre como trabar con la cabeza. Pero la recompensa al esfuerzo sería increíble, fíjense queridos lectores las grandes Selecciones de la actualidad que hacen de la bocha un culto: tocan y tocan, pero también ganan y ganan.  

Qué lindo sería volver a verte Campeón Argentina, pero que bello también resultaría reencontrarse con un equipo que trate la pelota como hizo aquel Seleccionado del 2006. Al menos por un ratito, al menos por 25 toques.

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