EDITORIAL: UNA QUE SEPAMOS TODOS

En el Palacio Ducó la canción sonó tras un corte de luz

Desde las tribunas de nuestro fútbol  salió uno de los temas más comentados en la agenda mediática de los últimos días. La adaptación del popular cantito de cancha insultando al Presidente de la Nación trascendió las fronteras deportivas manifestando la disconformidad de muchos. Aquí una breve reflexión sobre la canción que el Gobierno debería escuchar en lugar de pretender silenciar.

Todo comenzó el último cuatro de febrero en el Nuevo Gasómetro, San Lorenzo igualó con Boca en un partido importante para el desarrollo de la Superliga y sus hinchas, disconformes con la actuación del juez Silvio Trucco, entonaron el insulto a Mauricio Macri asociándolo a lo ocurrido. Hasta acá todo bastante normal, las figuras de poder siempre fueron blanco para las distintas parcialidades (Julio Grondona o Carlos Ávila, por ejemplo) y la profunda relación entre el Presidente de la Nación y Boca Juniors deja la mesa servida para las diferentes teorías conspirativas.

Pero el fenómeno se extendió del Bajo Flores con repercusiones en muchos otros estadios, lo cantó el Monumental tras la polémica actuación de Jorge Baliño en la jornada 16, también el Ducó tras un corte de luz; sonó en Gimnasia de La Plata, Talleres de Remedios de Escalada, Victoriano Arenas, Defensores de Belgrano, Racing Club, Independiente y Lanús, por nombrar algunos casos  avalados por el material audiovisual. El tema se instaló en la opinión pública puesto a que el coro no solo apareció como respuesta a un fallo arbitral, y quienes lo escuchamos en alguna cancha sabemos que no fue exclusivamente fogoneado por algún sector en particular.

Los mismo de siempre intentaron dar explicaciones varias sobre lo ocurrido, sin embargo todo pareciera ser un poco más simple. ¿Cómo explicar el fenómeno si Cambiemos arrasó en las urnas de varios barrios donde se encuentran estas canchas? Pregunta cuya respuesta tendrán politólogos, o tal vez panelistas, y poco tiene que ver  con este espacio futbolero.

Sin embargo tampoco podemos patear la pelota para otro lado ni gritar “siga, siga”; Las tribunas son muchas veces un termómetro social y la opinión pública ardió tras conocer la intensión del SADRA, según comentó su titular Guillermo Marconi al Diario Clarín, de suspender el partido cada vez que suene el replicado hit. Justamente un gremio de árbitros, blanco preferido de las hinchadas, priorizando preservar a quien no tiene por qué hacerlo.

Hace rato que los jueces tienen la potestad reglamentaria de frenar el juego cuando desde las gradas baja algún canto xenófobo o discriminador, con bastante tino. Incluso recordemos cuando en abril del año pasado Héctor Paletta suspendió momentáneamente el partido que disputaban Huracán y
Newell´s en el Ducó cuando el Pueblo Quemero comenzó a cantar “Vamo´ a matar a un referí”; incluso en ese tema, repudiable en su naturalidad, la decisión generó revuelo.

Imaginen suspender un partido, aunque en principio desde AFA se descartó, por el canto de una hinchada contra una figura de autoridad. Ridículo, irrisorio, o como dirían en la misma popular: “se nota mucho”. Bancamos el codificado, el no poder ir de visitante, el precio de las entradas, el constante achaque mediático que refiere a nuestro balompié como una cloaca en comparación a la elite europea. Si no le podemos reclamar al que corta el bacalao, estamos fritos.

¿Será acaso el Presidente una representación del poder obsceno que la enorme mayoría de los clubes no posee? ¿Está todo estrictamente ligado a la política? Un poco de todo, y mucho más también, interrogantes que posiblemente no llevan a ningún lado pese al claro malestar de varios.

Lo concreto es que el tema del verano sigue sonando, y todo parece indicar que continuará. Que cada uno se haga cargo de lo que le corresponde: el que quiera oír que oiga, y el que pretende silenciar también debería hacerlo.

 

El «hit» sonó por primera vez en el Nuevo Gasómetro

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