BARRACAS CENTRAL: «SER UN TAPIA ES MÁS COMPLICADO DE LO QUE MUCHOS PIENSAN»

Los hijos de Claudio Tapia y nietos de Hugo Moyano se criaron en el ambiente de la número 5. El mayor de ellos, Matías, defensor de 21 años, y el menor, Iván, enganche de 18, no le escaparon al entorno y, actualmente, comparten plantel en la Primera División de Barracas Central. El zaguero pasó por los micrófonos de Vermouth Deportivo Radio en una entrevista sin filtros donde repasó sus inicios, lo difícil que fue llegar hasta el lugar donde hoy se encuentra, cómo es jugar con su compañero de vida y también, lo que siente al ver a su padre como Presidente de AFA:

Comenzando la conversación en FM Tribunales 90.5, Matías se refirió a la situación que atraviesa en la Primera División de Barracas Central y se autodefinió como jugador: “En lo personal estoy muy contento y agradecido a Barracas Central y al grupo por aceptarme como lo hacen. Me siento parte y a gusto. Y en mi manera de jugar, mi personalidad es rigurosa, fuerte. Trato de hacerme dueño de mi sector, proteger y cuidar al equipo. Soy de hablar y alentar a mis compañeros”.

Formar parte del mismo plantel con su hermano menor es uno de los grandes placeres que le dio el fútbol a Matías: “El gusto más lindo que me dio el fútbol fue compartir cancha con mi hermano. Ver a nuestros padres felices por estar juntos dentro de un campo de juego y haciendo lo que nos gusta”. Luego, el defensor analizó a su compañero de vida y de equipo por su forma de jugar: «Como jugador es igual que como hermano. Dentro y fuera de la cancha es inteligente, por ahí no expresa sus sentimientos pero tiene una personalidad fuerte. Mucho de lo que aprendí fue por él, aunque sea más chico. Me enseña mucho día a día.”

Los padres son los motores en los sueños de cada chico para convertirse en profesional. Y en la familia de Matías, esto no es la excepción: “Mi vieja vivió muchos años de fútbol pero ella apoya siempre. Ella no entiende mucho pero te da la palabra de aliento aún cuando no nos toca estar. Te hace reir, te acompaña, te cocina algo rico, te espera feliz para no pensar en lo que pasa. Le agradezco a mi vieja que es el eslabón fuerte. Nuestro papá es popularmente conocido pero con la labor de padre no nos podemos quejar porque aún con poco tiempo está presente. Es el ejemplo más fuerte que tenemos. Si uno lucha por lo que quiere lo puede lograr. Nos crió con esa enseñanza, respetar a todos y nunca doblarse ante nada”.

Ser el hijo y nieto de dos personas tan populares en el ambiente del fútbol podría verse como una ventaja en el camino a la Primera. Sin embargo, el zaguero cree todo lo contrario: Fue un camino complicado como el de todo chico de inferiores. Fue muy desgastante. Aunque por ahí no lo crean, uno dice que por ser quienes somos las cosas son más fáciles pero te aseguro que es todo lo contrario. Jugamos con nuestra mochila. Cada partido que jugamos en inferiores, reserva o primera llevás un apellido que se comenta mucho. Si te la dan tus compañeros es porque lo hacen a propósito y si hacés las cosas mal es porque sos el hijo de Tapia. Fue una mochila pesada, desde el primer momento sabíamos que teníamos que lidiar con eso, era un obstáculo más. Ser un Tapia es más complicado de lo que muchos piensan.”

Matías debió sortear otras complicaciones que la vida le plantó para llegar hasta el presente que hoy goza, donde, con sacrificio y esfuerzo logró cumplir su sueño: “Yo a los 16 años era gordito. No estaba muy metido en lo que era cancha de fútbol 11, jugaba solamente al Futsal. Mi hermano tenía 14 años, lo iba a ver jugar siempre y me daban ganas de entrar en cancha de once pero sabía que el cuerpo no me daba. Tenía muchas ganas pero sentía que no podía. Un día en unas vacaciones llega mi viejo con facturas y yo le contesté que no quería más y que me quería empezar a cuidar. Él lo aceptó y corrió las facturas pensando que en cinco minutos me las iba a comer. Cambié la cabeza, busqué por internet, a leer libros y orientarme para comer más sano sin decirle nada a nadie. Me cuidé por mi cuenta y bajé 30 kilos. Cuando salía del colegio, dormía una siesta de una hora y después salía a correr un rato o andar en bici para sentirme bien. Yo solamente decía que era para jugar al futsal. Cuando termina el año me probé en Barracas y quedé. Hice pretemporada y fui suplente casi medio año y hasta a veces no me citaba. Milano fue el técnico que me puso de titular en quinta. Primera tiene una jerarquía increíble. Yo tenía toda las de perder, era gordito, tenía los pies redondos pero tenía corazón, garra. Siempre trato de suplir mis falencias con virtudes. Se me hacía complicado. Pero sentía que daba muchas ventajas, no podía competir. Si fuese virtuoso como mi hermano también lo haría. Me quedo gordo y les pinto la cara a todos».

Si te ponés una meta tenés que cumplirla’ es el lema que usa el joven de 21 años, enseñado por sus padres, para nunca bajar los brazos: “Mis amigos me lo dicen siempre el cambio que tuve, ellos saben lo que peleé y es el día de hoy que me ven y se sorprenden. Mis viejos están contentos y sin el sostén de ellos no hubiese podido. Ellos son los que me dicen que si te ponés una meta hay que cumplirla. Como todo Tapia cuando se le mete una cosa en la cabeza hacemos lo imposible hasta cumplirlo”.

Desde el jueves 30 de marzo de 2017, su padre Claudio es el presidente de la Asociación del fútbol argentino. Matías, con mucha emoción, recordó el momento de la asunción: “Cuando asumió fue emocionante. No se puede explicar con palabras la emoción que sentimos. A él no lo conocen mucho y en este país hablamos sin saber de los temas y le encontramos el pelo al huevo. En muchos lados escuchaba cosas que no se merecía pero yo estaba tranquilo porque lo conozco bien. Cuando fue lo de la asunción fue un desahogo importante en la familia. Se lo merecía, Dios es justo. El que lo merece se gana las cosas.”

Tener un padre dirigente jugó a favor de los jóvenes Tapia para poder seguir a la Selección Nacional durante sus encuentros de eliminatoria y también, conocer a los integrantes de la nómina: “A la Selección lo vi como hincha. Lo acompaño a todos lados a mi viejo. De local los vi a todos los partidos. He viajado a Córdoba, a Rosario, no recuerdo haberme perdido un partido. Nunca había visto a un jugador. En los últimos años cuando mi viejo estaba más metido, un día me invita a ver un entrenamiento en Ezeiza y le dije que sí. Estaba en un costado y me llamó mi papá que me quería presentar a alguien y me presentó a todos. Es tocar el cielo con las manos. Me sorprendió la relación que tenían con mi papá. Yo lo cargaba y le decía que era imposible que le dieran bola esos monstruos. El me decía que tomaba mates con los jugadores y yo le contestaba que no es posible que esos monstruos le dieran bola, que le hagan chistes. Fue un momento increíble para mí. No sabés lo que fue tener a Messi adelante. Mi papá nos presentó y él me saludó con una humildad increíble. Me quedé pálido, ni me acuerdo si le di la mano, lo abracé o le di un beso. Hasta creo que le toqué la cabeza. Fue mágico para mí”.

Por último, y marcando la diferencia con Iván, quien es fanático de Boca, Matías Tapia se volcó hacia Independiente por su madre y su abuelo. Vestir la camiseta del Rojo es otra de sus grandes anhelos para su carrera, pero se muestra calmo al respecto: “Me gustaría jugar en Independiente. Primero quiero formarme en Barracas, tengo mucho que aprender. Tengo 21 años y soy joven”.

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