VÉLEZ: A 22 AÑOS DE LA GLORIA MÁXIMA

Por: Marcelo Patroncini

Carlos Bianchi conoció Japón mucho tiempo antes de lo que se coronó con Boca Juniors. Su vida estuvo vinculada siempre al Fortín de Liniers con quien armó un equipo de esos que aún se recuerdan de memoria y no suelen verse en los últimos tiempos. Un primero de diciembre de 1994, exactamente hace 22 años atrás, el elenco de la V Azulada se quedaba con la Copa Intercontinental en Tokio frente al poderoso Milan de Italia tras derrotarlo por 2 a 0.

Tras alzarse con la Copa Libertadores, Vélez Sarsfield tenía frente suyo la posibilidad de levantar una Copa que solamente habían conseguido Boca, River, Independiente, Racing y Estudiantes de La Plata. El club porteño tenía la chance de ser el sexto equipo de argentina en ser tapa de todos los diarios del mundo pero enfrente estaba el duro Rossonero que contaba por ejemplo con dos defensores históricos del seleccionado Azzurro: Franco Baresi y Paolo Maldini.

El Estadio Nacional se cubría con la oscuridad de la noche japonesa mientras el primer amanecer de diciembre saludaba a la República Argentina. Demasiado temprano madrugó el sur de América para ver a ese equipo sensación que parecía llevarse todo por delante con orden, disciplina y buen fútbol. José Luis Félix Chilavert al arco, el eterno paraguayo que supo convertirse en ídolo. La línea de fondo para los de Bianchi estaba compuesta por el «Coyo», Héctor Almandoz, Roberto Trotta, Víctor Hugo Sotomayor y el «Pacha», Raúl Cardozo. Para el mediocampo los nombres ya conocidos de Marcelo Gómez, el «Pepe», Horacio Basualdo, Christian Bassedas, y el «Tito», Roberto Pompei. Y arriba, la dupla letal del «Turu», Oscar Flores, y el «Turquito», Omar Asad. Once apellidos que sin dudas quedaron en la historia grande del deporte nacional.

Tras un cero a cero sin emociones en el etapa inicial, el Fortín consiguió desahogarse rápidamente en la complementaria. Un penal que cometió Alessandro Costacurta y que sancionó el colombiano José Joaquín Torres Cadena le dio la oportunidad al «Cabezón» Trotta para abrir la cuenta desde los doce pasos. El 1 a 0 era delirio y mesura en Liniers. Sin embargo, poco antes del cuarto de hora, Asad picó al vacío para interceptar un corto pase hacia el arquero. Sebastiano Rossi quedó a mitad de camino y el «Turquito», con un giro de ballet sacudió contra la red para estampar el 2 a 0 que sería inapelable en el continente asiático.

Pasaron 22 años del título intercontinental de Vélez. Los apellidos de ese equipo y su entrenador se repiten de memoria. Parece que fue ayer, o seguramente quede en la retina por ser uno de los últimos grandes conjuntos que perduraron el tiempo. Transcurrieron 8036 días y todavía esos dos tantos se siguen gritando como si estuvieran entrando en este mismo instante.