EDITORIAL: ¿QUIÉN ES REALMENTE DANIEL OSVALDO?

Tiene tanta prensa o más quizás que la de algún Ministro. Incluso en estos últimos años se habló tanto de él como posiblemente del Papa. Sin embargo hay muchas realidades del mediático jugador que por obsecuencia periodística, silencio dirigencia o códigos de compañerismo nunca retumbaron tanto como podría suceder a partir de este momento.

Daniel Osvaldo también se llama Pablo; de hecho es su primer nombre. Nacido futbolísticamente en Huracán supo compartir equipo con otros dos atacantes que causaban estragos en el Nacional B: un desfachatado Ignacio Anívole y, quien por ese entonces, un ignoto Joaquín Larrivey. Su potencia goleadora y su temprana edad lo llevaron a ser vendido rápidamente. La entidad de Parque Patricios, urgida de dinero, se desprendió del delantero quien saltó del ascenso al Atalanta italiano.

«El Loco» recién volvió a mostrar lo suyo cuando fichó para el Lecce convirtiendo 8 goles en 32 partidos lo que le valió ser tenido en cuenta por la Selección Sub 20 de Italia. Su fama iba en aumento porque la Fiorentina posó sus ojos en el joven goleador y automáticamente aparecieron los recuerdos del gran argentino que triunfo en Firenze: Gabriel Omar Batistuta. Claro que el fanático de los Rolling Stones ni siquiera fue la sombra del Batigol con la casaca del Viola.

Osvaldo pasó al Bologna donde no le fue bien y emigró de Italia a España para jugar en el Espanyol. Con la pilcha de los Periquitos parecía que recuperaba su nivel con 22 goles en 47 partidos lo que le valieron para que volviese al Calcio. Fue Roma quien lo tuvo en cuenta y siguió su senda positiva, engrosando números e inflando redes.

Pero la fama le empezó a jugar una mala pasada. Se despidió de la capital italiana para jugar en la Premier League sin rendir lo esperado. El Calcio le abrió una vez más las puertas y fue campeón con Juventus sin deslumbrar. El scudetto le hizo cambiar de aire, firmó en el Inter de Milan pero una pelea, cuando no, con Mauro Icardi lo desafectó del plantel. Ya las cuestiones extra-deportivas empezaban a jugarle en contra.

Tan egocéntrico como iluminado, fue uno de los mimados por Carlos Tévez. Eso le valió llegar a Boca Juniors, club del cual confesó ser hincha. Tales declaraciones no cayeron bien en Huracán que todavía se llenaba de orgullo por su canterana promesa que paseaba el curriculum por los mejores clubes europeos. Pero la fama en Argentina, una serie de peleas con su ex mujer (y actual también) Jimena Barón, y varias conflictivas e inoportunas salidas generaron que se vaya del Xenieze a Portugal para cambiar de aire.

En Porto hizo un gol en doce encuentros, el «Apache» forzó el regreso del atacante nacido en Lanús, y en su segunda experiencia en el club de la ribera pasó más tiempo lesionado que jugando. Tan sólo cumplió con cinco encuentros y repitió una cifra que tan sólo logró en Fiorentina: cero goles en la temporada. Tras el empate ante Nacional de Montevideo se fue ofuscado al vestuario, no saludó a un público que esperaba muchísimo más de él.

Demasiada paciencia le tuvo la gente de Boca a un delantero que llegó casi como ídolo sin haber demostrado nada. Cuando le tocó la hora de la verdad, tropezó unas mil veces. Y ahí se le cayó la máscara a Pablo Daniel Osvaldo. El mismo que en los últimos dos años hizo nada más que 15 goles, seis menos que por ejemplo Mariano Pavone, o trece menos que el longevo José Sand. El «Stone» que no supo aprovechar su calidad en los mejores equipos del mundo donde, por ejemplo, otro surgido del ascenso como Paulo Dybala gritó siete veces más que el nacido futbolísticamente en Parque Patricios.

Los 15 goles en dos años es una marca que superaron en ese mismo período jugadores de la talla del «Pulga» Rodríguez. Ignacio Malcorra, Gustavo Bou, Ramón Ábila, Marco Ruben y otros. Osvaldo, el excéntrico, el pasó de costar 15 millones de libras esterlinas a irse a préstamo por 2 millones de euros, discutió una vez más. Atrás quedó la pelota. El mediático delantero se prendió un cigarrillo sin saber que estaba en una estación de servicio. Explotó todo. Y así se terminó fatídica vuelta a Boca.

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