Opinión –
Independiente comienza el 2017 con la sumatoria de un año más de sequía triunfal y en un marco general de constante malestar.
15 años se cumplirán desde aquel último grito de campeón de la mano de Américo Gallego en 2002. En el medio: 22 técnicos, decenas de jugadores con un paso sin pena ni gloria, demolición de la histórica Doble Visera y el proyecto sin concluír del actual Libertadores de América, un pasivo ascendente a los 600 millones de pesos, una conquista de Copa Sudamericana en 2010 y claro, un descenso imborrable al Nacional B.
Parece ser que cada detalle que vuela por los pasillos de la sede del rojo cobra una mediatización deslumbrante, como si nada pueda ocurrir en silencio. Un ejemplo claro es la viralización del audio por WhatsApp de Ariel Holan, flamante DT.
En momentos donde la mejor idea sería la pasividad y el calmar las aguas de una hinchada cada vez más ofuscada, hasta las grandes glorias del club parecen haberse contagiado de esta vorágine histérica que ronda hace tiempo por la institución de Avellaneda.
Burruchaga enojado, Bertoni no aporta nada, Bochini siempre tiene un pero y Luis Islas postulándose para algún cargo.
Lo cierto es que Holan aún no puso un pie en el predio de Villa Domínico y ya tiene todas las de perder. Que no tiene experiencia, que solo dirigió a Defensa y que ¿cómo un director técnico de hockey puede dirigir la primera de Independiente?
Hugo Moyano puso el pulgar arriba para la llegada del actual entrenador y a pesar de que los resultados mandan, lo mejor que puede pasarle al rojo es darle tiempo a un proyecto. Si no, los técnicos seguirán pasando cobrando sueldos, los jugadores emigrarán y llegarán otros, las dirigencias seguirán prometiendo logros futbolísticos y la gente se tendrá que seguir conformando con nuevas butacas en el estadio.