INDEPENDIENTE: A QUINCE AÑOS DEL GOL MÁS GRITADO

Está bien, quizás la expresión de «el gol más gritado» suene un tanto exagerada para la rica historia del Rojo. No es dejar en el olvido los gloriosos tantos de Ricardo Bochini a Juventus y de Mandinga Percudani al Liverpool, pero para los hinchas de Independiente que rozan los 30 años, el gol de Lucas Pusineri a Boca en el 2002 fue un grito que quedó grabado para siempre.

El 24 de noviembre de 2002, El Rojo se jugaba la vida en la Doble Visera ante su inmediato perseguidor, el Boca del Maestro Tabárez. Aquel equipo dirigido por Américo Gallego supo demostrar un fútbol de alto vuelo, la táctica ideal de un futbolero de ley, el juego gustoso del paladar negro inculcado en las entrañas del hincha de Independiente.

Lo cierto es que para el final de aquel Apertura 2002, el equipo se desgastó y tuvo que sufrir hasta la última fecha para gritar campeón. La derrota con Banfield dejó a Boca pisándole los talones al Rojo, y la penúltima fecha ambos conjuntos se vieron las caras en Avellaneda. El hincha recuerda bien aquella tarde. Porque como curiosidad desalentadora, ese domingo 24 de noviembre la ciudad de la zona sur del Gran Buenos Aires amaneció sin luz por un desperfecto general de la empresa proveedora de energía. Con este panorama, los infortuitos que no pudieron conseguir una entrada para el partido, solo pudieron enterarse de lo sucedido en la Doble Visera mediante una radio a pilas.

El encuentro fue, como se suele decir en la jerga, no apto para cardíacos. «Si no perdemos, salimos campeones», ese era el rezo en las tribunas del Rojo. Pero Guillermo Barros Schelotto enmudeció a todos cuando a los 38 minutos puso en ventaja a Boca. El 1 a 0 hacía que todo se defina en la última fecha: El Xeneize debería enfrentar a Talleres en La Bombonera, e Independiente tenía que visitar el Nuevo Gasómetro para jugar ante San Lorenzo. Panorama complicado y con moral baja para el Rojo.

«Cuando empuja Milito, Independiente quiere», relató Marcelo Araujo. A los 43 del segundo tiempo, el clima estaba devastado, pero el Mariscal salió jugando de abajo, con la cinta de capitán bien apretada a su brazo izquierdo, y se sacó a uno de encima, y se sacó a otro, y llegó a la mitad de cancha, empujando, solo ante la chance de dejar trunco el sueño de salir campeón. Cuando no tuvo más espacios, abrió un pase largo que llegó a los pies de un juvenil Emanuel Rivas. El pibe miró al área rival y mandó un centro de zurda, al medio, para probar si aparece algún salvador y para creer en los milagros. Ahí, en el arco de la vieja tribuna visitante ante los veintipicomil hinchas de Boca, apareció Lucas. Pusineri se elevó cerca del punto penal y conectó la pelota con su parietal derecho ganándole la marca a Rolando Schiavi. El balón fue bajo y se coló cerca de un palo ante la mirada de Roberto Abbondanzieri.

Con el grito tembló Avellaneda. Ya no importaba el corte de luz, y todas las pesadillas que pasaron por las cabezas del hincha de Independiente se desvanecieron con ese cabezazo salvador. Gracias a ese gol, el Rojo salió campeón en la última fecha, y Lucas Andrés Pusineri se convirtió en un hombre respetado para siempre en la historia.

Lo que no imaginaba la gente era que aquel campeonato del Apertura 2002 sería el último conseguido a nivel local para un equipo grande como Independiente. Lo concreto es que un 24 de noviembre de 2002, hace exactamente quince años, los treinta añeros festejaron un gol épico, seguramente el más gritado desde su uso de razón.