«HOY ES MÁS FÁCIL CAMBIAR DE EQUIPO, ANTES NO HABÍA INTERNET»

Hay vida después del fútbol y los jugadores lo saben. La carrera dura poco y no siempre los caminos conducen a un lugar dentro de un mundo tan colapsado y con pocos puestos disponibles. Gustavo Villalba dejó la pelota hace varios años y continuó su vida con el manejo de su propio kiosko. El volante central vivió la mayoría de su trayectoria en el Ascenso pero la dureza económica del ambiente lo obligó a buscar un trabajo paralelo. «Atiendo el mismo kiosko desde hace diez años que fue un emprendimiento que realicé cuando jugaba en Sacachispas a finales del 2008 y en ese momento me repartía la actividad entre una cosa y la otra. Es el sostén de mi familia», cuenta el ex futbolista que también pasó por Flandria, San Telmo y Textil Mandiyú, entre otros.

No es fácil dejar el balón después de tantos años ligado a las canchas y el hombre que vive en Avellaneda lo reconoce: «No hay un día que no se extrañe el fútbol. Sigo entrenando porque es difícil alejarse de lo que hace siempre. Es una forma de sentirse cerca. Mi cabeza se siente jugador todavía. Lo que no se extraña son los imponderables que te ofrece el ascenso como el atraso de los sueldos, no saber con qué te vas a encontrar cada día. Por eso el futbolista del ascenso no tiene techo por todo lo que soporta.»

SACACHISPAS. Villalba jugó cuatro años en el Lila y se llevó un cariño enorme del equipo de Villa Soldati. La gran campaña de los dirigidos por Norberto D`Angelo la tomó con alegría por todos las memorias y amigos que dejó en el estadio «Beto Larrosa»: «De Saca tengo lindos recuerdos y todavía hay muchos amigos como Darío Carpintero, Agustín Castiglione, Jonatan Romero, Gastón Arrieta y Alejandro Ayala. Son grandes amigos. Pasé cuatro años y nos han tocado momentos difíciles con una promoción ante Atlas para no descender, meses sin cobrar, pelear abajo. Esperemos que sea el comienzo de muchos éxitos más».

VICTORIANO ARENAS. Los primeros pasos del mediocampista en el fútbol fueron en Valentín Alsina, un lugar que -según él- puede ser tenebroso para los visitantes pero que será su casa por siempre. «Empecé en Victoriano Arenas, fue mi primer equipo desde los 12 años hasta llegar a Primera. Los recuerdos son los mejores. Volví en la última temporada después de varios años. Me he encontrado con compañeros del 1999 y 2000 que me marcaron como jugador y persona. Victoriano me preparó para el Ascenso. Ahora se mejoraron las canchas, cobrás algún viático con más regularidad», rememora.

URUGUAY. «De Victoriano Arenas en Primera D pasé a la Primera de Uruguay y me mantuve cinco años. Ese fue mi gran logro». Las palabras de Gustavo Villalba saltó de lo más bajo de Argentina a lo más alto del deporte charrúa. El ex volante empezó su carrera uruguaya en Villa Española (en dos pasos) y obtuvo un ascenso a la máxima división de ese país que le permitió el interés de Bella Vista . Jugar en Uruguay fue único.  Hoy es más fácil cambiar de equipo, antes no había internet y para que te vieran te tenía que tocar la varita mágica», opina el encargado de un kiosko en Avellaneda que extraña al esférico pero que se llevó la experiencia de su vida.

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Nació un día después del gol del Diego a los ingleses pero llegó justo para el postre contra Alemania Federal. El fútbol es su vida. Escribe de la misma manera que juega: excelente. Por eso es crack. Los Piojos y Atlético Madrid son su debilidad. En 2005 fundó esta locura llamada Vermouth Deportivo.