La selección galesa tenía solo una participación mundialista en su haber (Suecia 1958 dónde alcanzó los cuartos de final cayendo ante el campeón Brasil) y con un Gareth Bale, ganador de cinco Champions, más el plus de buenos apellidos como Aaron Ramsey y Neco Williams pero no compitió casi nunca y terminó en el fondo del grupo B.
Gales llegó a Qatar con la esperanza de que una generación fuerte en apellidos pero acaso algo flaca de presente pudiera dar pelea. Compartió grupo con Inglaterra, Estados Unidos e Irán. Flojisima Nations League (dónde descendió) fue que la gran apuesta estuvo en clasificar a un Mundial, algo pendiente hacía ya 64 años no disputaba. En el repechaje venció a Ucrania por la mínima (gol en contra de Yarmolenko) y se metió en la fiesta grande del fútbol mundial. Bale ya no era el que brilló en el Madrid, Allen y Ramsey no estaban en la súper elite aunque buenos jóvenes como Neco Williams (polifuncional en el Liverpool) o Ethan Ampadu eran el contraste. Su participación la marcó de principio a final la irregularidad y el bajísimo nivel individual. Rob Page no pudo darle nunca esa intensidad al conjunto y fue que en el debut apenas rascó un empate sobre la hora de penal por parte de Gareth Bale ante Estados Unidos que estuvo muy concentrado y metido. Esa falta de Zimmermann salvó del aplazo a un equipo que casi no atacó. En la segunda prueba apareció Irán, que había caído goleada ante Inglaterra por 6-2 en el debut, en el Ahmad bin Ali y como ante los norteamericano fue que los iraníes dirigidos por el experimentado Carlos Queiroz arrinconaron a pura actitud. La roja del arquero Wayne Hennessey cuando restaban diez minutos para el cierre abrió la puerta que en un final a puro gol abrieron Cheshmi y Rezaeian a los 98 y 101 de la segunda etapa. Dichas conquistas no solo fueron al Guiness sino que dejaban casi al borde de la eliminación a los de Page. El empate entre ingleses y americanos lo dejaban aún con vida. Dependiendo de si para meterse o al menos cambiar una pálida imágen. Pero lejísimos de reaccionar fue que los Dragones rojos continuaron de mal en peor al ser goleados y vapuleados por Inglaterra con un doblete de Rashford y Phil Foden. Un fiasco total y absoluto.
Tanto esperó. Tanto relegó. Tanto terreno tuvo que ceder para que una buena generación en el pasado pero sin presente alguno ofrezca una actuación colectiva tan deslucida que quedó al descubierto de manera cruel en los últimos dos partidos. Solo un gol (Bale de penal) y una sola unidad. Apenas sobre la débil Qatar y Canadá terminó en la tabla final. Deberá comenzar una fuerte reconstrucción si tiene aspiraciones de no tener que esperar otras casi seis décadas y media para volver a los Mundiales. La espera no le valió nada.
