El 2020 no deja de sorprender y de tirar noticias que uno no quisiera escuchar. Dueño de una carrera prácticamente vinculada en el ascenso, pero no por ella formidable y con varios logros sobre su espalda, en las últimas horas se dio a conocer el deceso de Luis María Orlando.
El «Gurí» logró tres ascensos con la particularidad de ser querido en todas las instituciones a pesar de cruzar de vereda en dos oportunidades. Inolvidable en Platense, donde logró regresar a Primera en 1976, dejó al Calamar dos años más tarde para sumarse a las filas de Tigre donde llevó al Matador a la elite del fútbol argentino en 1979.
Su primer gran logro fue el ascenso con Flandria a la Primera B de aquél entonces que era, sin dudas, la segunda categoría del fútbol argentino. Así también, su carrera tuvo mucho que ver con Luján donde no sólo participó como deportista en 1981 sino que también, en la década del noventa, estuvo presente como ayudante de campo.
Orlando pasó por el fútbol de Chile y también vistió los colores del Deportivo Quito en Ecuador. Su trayectoria le daría cuerda para transpirar la púrpura pilcha de Villa Dálmine, recalar en el Lujanero, y retirarse en 1982 con la camiseta de Argentino de Merlo. Eso sí, más allá de colgar los botines y dedicarse a otra cosa, su vida siempre continuó relacionada con el amado fútbol.
Con la confirmación del deceso por las entidades donde pasó, la pelota que está guardada hace 145 días, volvió a llorar. El balompié, otra vez de luto, despidió a uno de esos goleadores que supo engalanar el ascenso en los setenta. Hasta siempre Luis María Orlando. ¡Qué en paz descanses, Gurí!