Primero la casa y después el auto. Seguramente haya que recordarlo más como un padre que como un entrenador y eso que el «Maestro» tuvo riquísimos pergaminos como director técnico en el fútbol argentino. La noticia ya es oficial y el dolor profundo. Falleció Carlos Timoteo Griguol.
El «Viejo» nacio en La Palmas, Córdoba, un 4 de septiembre de 1934 cuando el balompié recién comenzaba sus pasos iniciales con el profesionalismo y el Mundial de Italia dejaba un triste sabor en los botines de Argentina que jugó un partido ante Suecia y quedó eliminada.
Justamente «Las Palmas» fue su marca registrada. Palmada en el pecho de cada jugador en aquél inolvidable Gimnasia y Esgrima La Plata, campeón moral de 1995 a pesar de terminar segundo por detrás de San Lorenzo. Y al «Viejo» le damos el título porque a pesar de sus seis décadas, él quería dar esa vuelta olímpica.
«¿Querés salir campeón?… campeón de la #@!&$% de tu hermana» le dijo ofuscado al «Yagui», Favio Fernández, una fecha antes de terminar ese torneo con el Lobo tras una tonta expulsión en cancha de Ferro. Era el entrendor, pero también el padre de un grupo de chicos que querían consagrarse de la mano de un consagrado.
Jugó en Atlanta y también en Rosario Central. Con el Canalla logró su primer título como DT reemplazando en el cargo a un catedrático como Don Ángel Tulio Zof. De «Maestro» a «Maestro» fue el legado para que ambos terminasen siendo catedráticos del deporte más maravilloso del globo terráqueo.
Tal vez, periodísticamente, todos comenzarían por este párrafo pero a Timoteo le gustaba formar personas. En 1980 llegó a Ferro y revolucionó el fútbol. Campeón en 1982, repitió en 1984, en la época dorada de la institución de Caballito que paseó su fútbol por todo el continente. Cada rincón del estadio de la Avenida Avellaneda tiene un pedacito de Griguol.
River, el Betis de España, y Unión de Santa Fe completaron su currículum como entrenador. Los pergaminos obtenidos a lo largo de su trayectoria lo hicieron grande. Pero más inmeso aún fue la figura de un técnico fraternal, educativo, amante de lo suyo. Ese era el «Viejo».
Lo «mataron» algunos medios hace 10 días y él seguía peleándola internado en el hospital a causa de esta pandemia. Darlo por muerto era desconocer a un verdadero guerrero de nuestro deporte. El «Maestro» jugó sus últimos cambios, intentó revertir el partido, pero esta vez ya no pudo.
Sonó el silbato en una vida ligada completamente al deporte más hermoso de todos. Se fue el «Maestro» que aprendió de otro y que dejó sus enseñanzas. Hoy los títulos no importan, vale mucho más su legado. Primero la casa y después el auto. Hasta siempre Timoteo. Que en paz descanse.