Su tragedia fue el prólogo de una que cambió para siempre la historia de la Fórmula Uno. Porque si bien las vidas son las mismas, el fatídico último fin de semana de abril de 1994 en San Marino arrancó con un durísimo accidente de Rubens Barrichello pero continuó con la muerte en pista de Ronald Ratzenberger hace exactamente 26 años.
Eran épocas apasionantes de la máxima categoría del automovilismo pero, aquella temporada, fue la más oscura de todas. El calendario situó a todos los pilotos para debutar en Interlagos, el 27 de marzo. Ayrton Senna hizo la pole con su Williams-Renault y aspiraba a conseguir su cuarto título mundial pero debió abandonar por accidente. El austríaco de Salzburgo ni siquiera pudo clasificar por un tema de tiempos.
La segunda carrera del año fue en Japón. Senna volvió a largar en primer lugar pero, a la hora de ir en búsqueda de los puntos, una colisión lo dejó fuera de juego. Michael Schumacher con su Benneton-Ford se alzaba con la segunda victoria y le sacaba al paulista una notable diferencia que ya le ponía algo de pimienta a lo que sería el fin de semana que nadie quiso tener en sus vidas. En tierras niponas, Ratzenberger acabó undécimo a cinco vueltas del alemán y también de su compatriota, Gerhard Berger.
Y cuando llegó el momento de Ímola de 1994, la Fórmula Uno escribió sus páginas más tristes. El viernes en las prácticas Barrichello quedó inconsciente al impactar su Jordan-Hart contra una de las paredes del circuito. Un día después, en la clasificación, el corredor oriundo de Austria hizo un tiempo lejano que lo obligaba a mejorar en la segunda tanda. Pero llegando a la curva Villeneuve, con el alerón desprendido y a más de trescientos kilómetros por hora, Ronald no pudo controlar su nave que se estrelló contra el hormigón.
Ratzenberger murió en el acto producto de una fractura en la base del cráneo. Tenía 33 años y estaba haciendo sus primeras armas en la máxima categoría. Para los dueños del circo, el show debía continuar. Se cumplen exactamente 26 años de aquél accidente que fue la previa de uno que cambió para siempre la historia del automovilismo mundial. Y vaya uno a saber qué pasaba si Senna aceptaba esa invitación de bajarse de la carrera para irse a pescar al día siguiente.