El hincha también se ve en las malas y Flandria tiene muchos de los incondicionales como Pablo Barbieri, un simple socio que se enteró de la necesidad de un aire acondicionado para la sala de enfermería del estadio Carlos V y decidió donar uno e instalarlo con sus propias manos.
«Trabajo con el tema de los aires acondicionados y vengo haciendo arreglos con los equipos del club y la cancha. Como conozco a los chicos de mantenimiento de la cancha (Gallego y Fede), me dijeron que necesitaban un equipo para el lugar de Kinesiología», cuenta este fanático que ama a los colores de su club y agrega: «Conseguimos un equipo usado sin ningún repuesto y bastante castigado. Yo que trabajo con instalaciones, llevamos algunos materiales que nos sobraban y lo fuimos armando. Una vez que teníamos todo, fuimos y lo colocamos con los chicos».
No es la primera vez que este «loco» (en el buen sentido de la palabra) pone sus manos para ayudar al Canario. «Hace un tiempo con un grupo de hinchas y amigos, pintamos las tribunas, los baños y arreglamos los asientos de la platea. Este es un pueblo muy solidario. Si al club le falta algo, y a alguien le sobra lo dona sin dudar», recuerda y explica este trabajador que vive en Villa Flandria, un pueblo pegado a Jáuregui.
Pablo usó su tiempo para colaborar con el equipo de su corazón a pesar de la situación delicada que ocurre en todo el país en lo económico. «Está complicado como todo, nosotros trabajamos día por medio como para hacerla estirar pero de a poco están saliendo trabajos», explica.
«Cómo no vamos a ayudar si Flandria es como una segunda casa y es algo muy lindo para este pueblo. Tiene mucho sentido de pertenencia. Siempre voy a la cancha y en la semana siempre me doy una vuelta por el templo (Carlos V)», describe este fanático su sentimiento por el Canario. ¡Qué suerte que Flandria pueda tener hinchas así!