En Caballito, Talleres se hizo fuerte y quedó más puntero que nunca. Derrotó por 2 a 1 a Ferro con un juego sólido y vistoso. Pablo Frontini, de penal, había puesto en ventaja al Verdolaga, mientras que Nazareno Solís y Eial Strahman le dieron al triunfo a La T. Con el triunfo, mantuvo la diferencia con su inmediato perseguidor, Santamarina. Además, unos 300 hinchas del equipo cordobés estuvieron presentes en el estadio, al igual que el jugador de San Lorenzo, Julio Buffarini.
De entrada, se pudo apreciar en los alrededores del estadio caras y una tonada diferente a la que se oían habitualmente. Al parecer, los dirigentes Verdolagas se hicieron eco y pusieron las entradas a 700 pesos, algo que generó mucho malestar en el público local, y que hizo que muchos no saquen plateas, y se vayan espantados.
El partido arrancó, y Ferro se hizo dueño de la pelota, se paró en campo rival en los primeros minutos y se empezó a acercar con peligro al arco defendido por Mauricio Caranta. Y a los 11 minutos, el local tuvo recompensa: Carlos Quintana le cometió un claro penal a Luís Salmerón, y Pedro Argañaraz no dudó en cobrar la pena máxima. Para sorpresa de muchos, Frontini se hizo cargo y con un remate cruzado, venció la resistencia de Caranta para el 1 a 0. Los dirigidos por Walter Perazzo eran más, e incluso tuvo una clarísima en los pies de Salmerón, para aumentar el marcador, pero que Wilfredo Olivera despejó en la linea.
Después de la media hora, Talleres comenzó a imponer su juego, y de a poco se acercó al arco de Christian Limousín. Dos cabezazos de Strahman, que terminaron en nada, fueron un aviso de lo que pasaría a los 36, cuando Solís conectó un centro desde la derecha, y con un zurdazo fenomenal, le rompió el arco a Limousín para poner el empate. Un empate que no sólo segritó en Córdoba, sino que también en la platea, dónde los simpatizantes del Tallarín gritaron el gol con alma y vida. Los hinchas del Verde que estaban ahí, fueron a buscarlos con cara de muy pocos amigos, y si no los paraba el cordón policial, podría haber terminado en un desastre. Los minutos pasaron, y a pesar de que el 1 a 1 no se modificó, la visita terminó con una mejor impresión.
En el entretiempo, todos los simpatizantes cordobeses fueron obligados por la policía a desalojar la platea. Ese rincón quedó casi vacío, salvo una familia que se encontraba ahí tomando mate. Entre ellos se pudo ver a un camuflado Julio Buffarini, que presenció atento todo el encuentro viendo a sus ex clubes.

En el complemento, Talleres mejoró aún más y rápidamente tuvo su recompensa. A los 5, Solís envió un buen tiro de esquina desde la izquierda, y Strahman, que ya había avisado dos veces de cabeza en el primer tiempo, ganó en las alturas y venció a Limousín para el 2 a 1 a favor de la visita. Ferro sintió el duro golpe, y no logró acomodarse nunca más. Perdía la pelota en la mitad de cancha, le entraban por todos lados, aunque el marcador no se modificaba porque su rival no era profundo. Perazzo pudo darse cuenta de esto, y trató de hacer reaccionar a sus jugadores con los ingresos de Guillermo Vernetti (volvía de una lesión que no le permitió sumar minutos en el torneo) y de Leandro Díaz, pero sacó a Sebastián Navarro que era el encargado de dar el primer pase y a Martín Ojeda, que era el desequilibrio por las bandas. Lo cierto es que Oeste en ningún momento estuvo cerca del empate. Incluso, sobre el final del partido, Agustín Gutiérrez pudo poner el 1-3, pero su remate se estrelló en el palo del arco Verdolaga.
Finalmente, Talleres logró un triunfo ante un rival directo por la lucha del único ascenso que brinda la categoría. Se afianza en la primera ubicación, le sacó 3 puntos a su más inmediato perseguidor, y como si fuera poco, muestra un gran funcionamiento tanto colectivo, como individual. Por su parte, Ferro perdió un partido vital, que lo podía haber dejado en lo más alto del torneo, y ahora quedó a 6 unidades de la T.