Quién dijo que sería fácil si su historia estuvo marcada por los obstáculos más duros que se le pudieron presentar. Pasaron casi 22 años de aquél descenso que el Calamar no pudo esquivar como tantos otros y, de ahí en adelante, las horas oscuras que condenaban el sueño de los más grandes y de los más pequeños. Hasta que una noche de verano, el Marrón volvió a estar en su lugar tras empatar 1 a 1 en el tiempo reglamentario ante los Leones del Imperio para luego vencerlo por 4 a 2 en los penales.
Desde ese 1999 a este 2021, Platense masticó bronca, lloró, se decepcionó y se ilusionó en un sinfín de oportunidades. Que aquél fatídico encuentro ante Racing de Córdoba, que una promoción con Chacarita Juniors en cancha del otro Racing, el de Avellaneda. Volver de tercera a segunda para creer que Primera estaba cerca pero no. Y así pasaban las temporadas con pena y sin gloria hasta que el gigante dormido se despertó en cancha de Newell´s, el último domingo de un enero atípico.
El encuentro en sí fue una montaña rusa de emociones. Los dirigidos por Juan Manuel Llop arrancaron a pura potencia y, a ese nivel, se le atrevían hasta a Francia o Bélgica. Al minuto de juego, Matías Tissera le sacó astillas al palo izquierdo de Brian Olivera. El delantero, surgido de la Lepra, hombre de la casa, tuvo revancha raudamente y con mejor fortuna. Iban 5 cuando Víctor Beraldi mandó un pase hacia atrás y no se percató que Facundo Curuchet, saliendo del offside, quedaba habilitado por su rival para tener un mano a mano imperdonable. No obstante, el nueve fue inteligente y descargó para el siete que, con todo el arco a su merced clavó el 1 a 0.
Platense seguía yendo al frente. Mauro Bogado lo tuvo en un tiro libre venenoso. José Luis Sinisterra, en cada pique, parecía sacarle varios cuerpos de ventaja a sus oponentes. Pero Estudiantes de Río Cuarto empezó a jugar también y ahí cambió la historia. La pelota estaba más tiempo con los de camiseta celeste. Ibrahim Hesar, atacante con destino de Liga Profesional como mínimo, le sacó la pintura al caño derecho de Jorge de Olivera promediando el capítulo inicial para luego estampar la parda con un verdadero golazo a los 38 minutos. El artillero cordobés recibió un pase de Lucas Suárez, la mató con el pecho, y de primera la guardó contra la ratonera del conjunto bonaerense.
Ese 1 a 1 acompañó a sendos equipos hasta la definición por penales. Pudo ganarlo el Calamar en la última del primer tiempo pero Curuchet no pudo definir tras un pase de Tissera en una fotocopia de lo que fue el tanto Marrón. La complementaria tuvo un dominio por parte de los Leones del Imperio con un tanto anulado, buenos intentos de Maximiliano Padilla, Javier Ferreira, y una magistral actuación del misionero De Olivera.
Y así fue como los tiros desde los doce pasos pusieron a los corazones al borde del colapso. Pateó Hernán Lamberti y acertó. Claramente Néstor Ortigoza no falló. Hasta ahí, 1 a 1 en el partido y en la pena máxima. Nicolás Zalazar aventajó a los de Llop, y Marcos Fernández la mandó a la segunda bandeja del «Coloso», Marcelo Bielsa. Había luz al final del camino pero, en Vicente López siempre se supo que nada sería sencillo. Luciano Recalde puso el 3 a 1, Padilla descontó, Tissera convirtió y la presión quedó del lado de Río Cuarto. Gastón Benavídez tomó la posta, se hizo cargo, y los guantes del lungo mesopotámico hicieron el resto.
Lágrimas, abrazos, carcajadas, desahogo. Estudiantes regresó a Córdoba con las manos vacías para continuar una temporada más en la segunda categoría. Platense, tras el 1 a 1 en los 90 minutos, y el 4 a 2 en los penales, cumplió el sueño de volver a la elite. No ha sido fácil. Han sido 22 años de tragar mucha angustia.
Allá arriba lloró Goyeneche, tomó el micrófono y recitó: «primero hay que saber sufrir, después amar, después partir». Y así fue como el Calamar salió del ascenso para regresar a la Liga Profesional de Fútbol. Claro que después el «Polaco» dejó el tango de lado y se sumó a lo que todos los corazones marrones estaban cantando: «aplaudaló, señor aplaudaló, Platense es de Primera la puta que lo parió»