Un equipo con marcado acento argentino, como es el Burgos, ha logrado tras casi dos décadas el retorno a la segunda categoría del fútbol español tras imponerse por 1 a 0 al Athletic Club de Bilbao B, en el feudo del Extremadura, por la final por el cuarto y último ascenso desde la tercera división.
El cuadro castellano ha mostrado una gran firmeza durante toda la temporada, comandando con puño de hierro uno de los cinco grupos en los que se dividió la competencia (en la que participaron 102 equipos) y sentenciando el ansiado ascenso tras superar dos eliminatorias a partido único, en la provincia de Badajoz.
Poco antes del viaje a tierras extremeñas para disputar el reducido, el elenco de El Plantío, cambió de propietarios. Los antiguos dueños comenzaron a financiar a la entidad, tras varios meses de impagos a sus trabajadores, lo que hizo que Antonio Caselli (ex dirigente Millonario) pignorara sus acciones, que los castellanos terminaron por recuperar, al no haber hecho frente el principal accionista a sus obligaciones. Concluía así un periodo que comenzó en mayo de 2019. Sin embargo, los empresarios locales, ya al mando, decidieron mantener al hijo de Caselli (Franco) en la presidencia de la entidad. Por otro lado, la pareja de Franco, Candela Blanco, continúa como Gerente de Relaciones Públicas e Institucionales y Vicepresidente de la Fundación Burgos Club de Fútbol.
Cabe recordar que el equipo burgalés disputó seis campañas en la élite entre principios de los setenta e inicios de la década siguiente, para desaparecer en 1983 y ser refundado al cabo de un par de lustros. En este intervalo la hegemonía ciudadana la tuvo el Real Burgos, que durante tres años compitió con los mejores de la piel de toro.
En esta temporada ha estado comandado desde el arco, por Marcelo Barovero y contaba, en tres cuartos de cancha, con Leo Pisculichi. Dos jugadores veteranos de gratísimo recuerdo para los hinchas riverplatenses, que habrá que ver si continúan a orillas del Arlanzón un curso más.