ESO ERA EL PATO PASTORIZA

Los chicos que recién están incursionando en el mundo del periodismo deportivo o simplemente les gusta el fútbol, deben saber quien fue José Omar Pastoriza. Hubo historia – ¡Y que historia! – antes del año 2000.

El Pato nació en Rosario un 23 de mayo de 1942 y hoy estaría cumpliendo 74 años. La muerte lo encontró un 2 de agosto de 2004, mientras dirigía por quinta vez a Independiente, donde ganó todo como jugador y como director técnico.

«El Pato era un grande» recuerdan colegas e hinchas cuando le preguntan sobre José. Grandeza, eso era el Pato.
Líder, estratega, sabio, futbolero. De asados y chinchulines en la concentración, criticado por muchos que seguramente, no sepan demasiado de llevar a cabo una unión estupenda en un plantel profesional.
Como jugador, la pelota parada era su mejor arma. Su mejor arma luego del talento, la personalidad y la garra, porque el Pato tenía todo. ¡Hasta se plantó con un milico en plena dictadura! cuentan los más memoriosos. Corajudo, eso era el Pato.

«Vayan, jueguen, sean hombres, ganen y hagan hazaña» les dijo José Omar a sus jugadores una tarde en Córdoba. Era el Nacional 1977 e Independiente jugaba solo con 8 jugadores -por un escandaloso arbitraje- contra Talleres. Obvio que triunfó, ese fue el primer título que ganó con el rojo como director técnico. Así era el Pato, capaz de convertir la indignación en fuerza para ganar. Ganar, eso era el Pato: Ganador.

3 campeonatos y una Copa Libertadores como jugador, 4 campeonatos, 1 Copa Libertadores y 1 Copa Intercontinental como director técnico. Eso ganó Pastoriza para hacerse con el título de ídolo indiscutido del Club Atlético Independiente.
Además dirigió a Talleres, Racing, Gremio, Fluminense, Atlético Madrid. Si hasta un día pisó El Salvador y les enseño lo que era el fútbol dirigiendo al seleccionado de ese país. Eso no le alcanzó, porque recaló en Venezuela para demostrarle al país que no todo era el Beisbol, que existía algo llamado fútbol, y así, con él, comenzó el crecimiento de la selección vino tinto. Eso era el Pato, un aventurero.

Un 2 de agosto de 2004, José se despertó en la madrugada con un fuerte dolor en el pecho, llamó a un amigo por teléfono y le dijo: «fundí biela». Esas fueron las últimas palabras del Pato antes de un paro cardíaco.
«Vivió a su manera, era un atorrante muy especial» declaró alguna persona de las miles que se acercaron al velorio en la sede social de Independiente. Porque eso era el pato, vividor.
Murió dirigiendo al club de sus amores, haciendo lo que le gusta, porque el Pato era pasional.

No alcanzarían las páginas para recordar a este señor, porque además de todo, el Pato era eso: Un señor.

 

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