EL MINUTO A MINUTO DEL RETIRO DE MARIANO CAMPODÓNICO

Mariano Campodónico llega con sus compañeros una hora y media antes del comienzo de su último partido como profesional a los 42 años. El Jorge Arín recibe como cada quince días al delantero que ya tomó la decisión de colgar botines. La ansiedad se notaba en los pasos nerviosos y sus «peleas» con el celular para averiguar el paradero de sus familiares y amigos en la llegada al estadio del Tambero.

La tardanza del rival -Liniers- por un desperfecto mecánico en el micro puso en riesgo el partido si la demora se hacía más larga pero los ruidos de botines sobre cemento calmaron a las fieras para ver al goleador en su último día como futbolista. El oriundo de Glew salía y entraba del vestuario para charlar con todo el mundo. Su simpatía era clara y evidente. La sonrisa de oreja a oreja como si fuese un niño esperando por recibir una golosina. Saluda a algunos dirigentes y le dedica unos minutos a su ex compañero de San Martín de Tucumán, Luciano Krikorian, que viajó hasta Cañuelas para apoyarlo.

De repente entra al vestuario y sigue a rajatabla los rituales previos a un encuentro de fútbol. Se cierra la puerta de los camarines y el técnico procede a la última charla técnica de su carrera. Al salir se dirige al campo de juego acompañado por sus colegas para realizar la entrada en calor definitiva con las mismas ganas de siempre, como si todavía le faltaran cinco años de trayectoria. Antes de la salida de los jugadores, 9 chicos con la camiseta 9 saltan al césped desde la zona mixta y la dirigencia aparece atrás con dos cuadros dedicados al gran delantero. Un homenaje más lindo que otro. «Te voy a sacar a los nueve minutos», le dice el DT Osvaldo Ruggero a Mariano Campodónico en honor al número de camiseta que usó durante casi toda su vida futbolística a lo que el delantero le devuelve: «Si me sacás te cago a piñas».

El pitazo de Rodrigo Pafundi despierta un griterío en el Jorge Arín. Todas las intervenciones del nueve son con clase y seguridad. Los lujos aparecen en los tacos y piruetas para esquivar rivales. El único sueño que le faltaba al goleador era convertir un tanto en el día de su despedida y a la media hora lo hace como el guión perfecto para una despedida. Pelota de sobre pique, un toque suave por encima del arquero y golazo para celebrarlo con un fuerte abrazo con sus amigos de camisetas de Cañuelas y una devolución al técnico: «Viste que no me tenías que sacar». «Olé, olé, olé, olé, Campo, Campo», se escucha por los costados habitados de la casa del Tambero hacia el protagonista de la tarde ante Liniers. El momento del cambio era obvio. A los 38 minutos del segundo tiempo, Mariano Campodónico deja el fútbol oficialmente y, como él quería, en una cancha. Ovación para el lungo que sale por Juan Brunetti, que encima entra y mete el gol del triunfo.

El final del partido lanza al delantero hacia el centro del campo para el abrazo correspondiente con sus compañeros. Todos le piden un último recuerdo con la vestimenta apropiada y los flashes duran unos instantes largos. Los medios lo esperan a la salida para sacarle el jugo a sus últimas palabras, otros se meten directamente al vestuario y lo entrevistan hasta con la toalla puesta. Las preguntas de los periodistas le hacen pensar rápido dos momentos de su vida con la pelota pero la respuesta cae de forma rápido: «Haber jugado con mi hermano es algo que recordaré por siempre pero el ascenso de Belgrano ante River en el Monumental también. Es algo que quedó en la historia».

Querido en la mayoría de los clubes donde jugó. Seguramente odiado por otros por los goles convertidos pero respetado, quizás lo más valedero para un jugador. Mariano Campodónico se retiró en la verde gramilla y en habitat natural -con un verdadero golazo, digno de una despedida.

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Nació un día después del gol del Diego a los ingleses pero llegó justo para el postre contra Alemania Federal. El fútbol es su vida. Escribe de la misma manera que juega: excelente. Por eso es crack. Los Piojos y Atlético Madrid son su debilidad. En 2005 fundó esta locura llamada Vermouth Deportivo.