Nada ha cambiado en el fútbol argentino desde el fatídico 26 de junio hasta el corriente 26 de julio de 2016. Sólo ha transcurrido un mes donde discutieron todos los dirigentes, llegaron a un acuerdo, luego lo deshicieron, y a todo esto no sólo los clubes profundizaron su crisis económica sino también el Seleccionado Nacional. Claro que, ante semejante panorama, el astro mundial, Lionel Messi ni siquiere se expidió o, al menos, dejó entreabierta una posibilidad de regresar al conjunto albiceleste.
Un mes sin Messi y no cambió nada. Se fue Gerardo Martino, asumió interinamente Julio Olarticoechea, y a duras penas el «Vasco» pudo armar un equipo para competir en los Juegos Olímpicos próximos a comenzar en Río de Janeiro. El «Tata» quedó en el olvido por más que haya cosechado la mejor efectividad de los últimos 10 entrenadores que pasaron por Argentina. Y, la Pulga, allí pasó a segundo plano.
En estos 30 días que pasaron desde aquella final perdida ante Chile, al hombre del Barcelona se lo lloró, se lo cuestionó, se lo puso como el oráculo de Delfos sin siquiera consultarle a él para que decida quién debe manejar las riendas del conjunto nacional. Hubo una marcha en el Obelisco para pedir que se quede, una maestra se hizo famosa porque le redactó unas líneas y, en el mientras tanto, el ganador de cinco Balones de Oro, disfrutó de sus vacaciones en las Bahamas.
Raudamente quedó atrás esa súplica del «No te vayas Lío» que, no sólo se hizo hashtag hasta el hartazgo por las redes sociales, sino también en la señalética de la vía pública en todo el país. Al tiempo los argentinos volvieron a comportarse como tales. Nadie hizo un esfuerzo para encaminar las riendas de la Asociación del Fútbol Argentino y demostrarle al «Pulga» que aires nuevos estaban soplando para que lo considere y logre revertir su decisión. Al contrario, fue un mes en el cual nada más se dejó correr el tiempo entre divisiones, egos y falta de consenso.
En estos 30 días desde aquél penal desperdiciado por Messi, el pueblo ha pasado de las lágrimas a mirarle la mujer y opinar de su nuevo peinado platinado. Clara muestra de que todo sigue igual en la idiosincrasia argentina. Cada vez está más lejos el «No te Vayas» y más cerca el «Dejá, Lío, no vuelvas».