EDITORIAL: LAS INFINITAS MANERAS DE VER FÚTBOL

«¿Querés sentarte mirando el partido?» es una de las mejores frases que tu pareja te puede decir en esas primeras citas donde todo es almidonado, estructurado, donde los goles se festejan por lo bajo con un puño apretado. ¿Acaso nunca padecieron, unos y otros, ese lapsus que se genera cuando, al pasear de la mano, la atención se desvía en aquél lejano televisor de un bar donde el resultado aparece en letras diminutas y uno trata, con ojos achinados, de divisar el score?. Definitivamente hay infinitas maneras de ver fútbol y, en épocas de Mundial, todas las artimañas se ponen en juego.

Una de las tantas aristas invaluables que tiene este deporte es la amistad sin distinción de fronteras. El fútbol es hermoso acá, en Groenlandia y en la Antártida. Y la pasión tampoco distingue de idiomas, culturas, o estratos sociales. La imagen que acompaña esta editorial es una maravilla de 1930 que, Christof Specht, supo compartir en referencia a su amado Rapid Viena de Austria. Y la foto muestra claramente como, en la tierra de Mozart y la música clásica, el futbolero siempre fue capaz de hacer cualquier cosa por ver la melodía más hermosa que consiste en una pelota y veintidós jugadores.

¿Quién no se detuvo en una plaza a ver un partido de completos extraños? ¿Quién no aprovechó alguna hendija en un estadio para pispear desde afuera lo que la amplitud visual pudiese mostrarnos de una contienda? ¿Cuántos se habrán parado en la vidriera de una casa de electrodomésticos para seguir las alternativas de un cotejo aprovechando una pausa en el camino?

La tecnología avanzó con el correr de los años pero el fútbol sigue siendo el mismo. En esta Copa del Mundo uno tiene más oportunidades de no perderse nada a través de internet, los celulares, las redes sociales. Pero siempre fue un deporte que invitó a ser visto como sea, cuando sea. Porque hasta con la imaginación cualquier entendido puede observar un partido por radio.

Acerca de Marcelo Patroncini 24419 Articles
Nació en agosto de 1982. Leonino y soñador. Desde chico jugaba a ser periodista con la máquina de escribir que había en su casa. Amante del fútbol, la gastronomía y los viajes. En 2005 fundó Vermouth Deportivo junto a Fran Alí.