Si bien las miradas del mundo futbolero se encuentran puestas en Estados Unidos y Francia, los países del continente oceánico tuvieron su cita de gala el último fin de semana en Port Moresby, capital de Papúa Nueva Guinea. Allí, Nueva Zelanda volvió a gritar campeón, en este caso, por penales.
Tras un torneo en donde el local ganó su zona por diferencia de gol con Nueva Caledonia y Tahití (este último, ganador de la competición en 2012, quedó afuera) y en donde Nueva Zelanda fue el claro dominador de la suya, las semifinales encontraron al conjunto kiwi ante el segundo del grupo A y al local con Islas Salomón, escolta del equipo de Anthony Hudson.
En estos partidos previos a la final, Papúa Nueva Guinea derrotó a las Islas Salomón por 2 a 1 mientras que Nueva Zelanda venció a Nueva Caledonia por la mínima diferencia.
El último domingo, llegó el tiempo de la final. Y a pesar de que se podía prever lo que finalmente ocurrió, a los All Whites no se les hizo nada fácil derrotar al dueño de casa.
Con tres modificaciones obligadas, entre ellas la baja de Chris Wood quien no pudo estar por cuestiones personales, Hudson debió esperar a que sus mejores jugadores en ataque puestos en cancha, Kostas Barbarouses y Rory Fallon, le dieran el título a la selección vestida de blanco.
Sin embargo, el gran héroe del día fue Stefan Marinovic, arquero de los All Whites, quien atajó dos de los cuatro tiros desde los doce pasos que los papúes dispusieron en la definición por penales, que llegó luego de que en los noventa minutos reglamentarios y en la prórroga ambos conjuntos no se pudieran sacar ventajas.
Este título le permite a Nueva Zelanda no sólo volver a gritar campeón tras la decepción del 2012 en Islas Salomón, en donde cayó derrotado por Nueva Caledonia en semifinales, sino que, además, le otorga el pasaje a la Copa Confederaciones 2017, competición que se disputará en Rusia y para la cual ya están clasificadas la selección anfitriona, Alemania, Chile, México y Australia.