En un rincón de Porto Alegre, las calles del barrio de La Boca toman vida con la fachada de una parrilla bien porteña. El argentino Luciano Griffo invirtió en un restaurant con toda la esencia de uno de los lugares característicos de Buenos Aires y probó suerte en la ciudad brasileña.
Las chapas de color azul y oro arman los famosos conventillos y generan una primera impresión que viaja hacia tierras rioplatenses. La entrada al lugar muestra camisetas de Boca, un enorme cuadro de La Bombonera y muchas imágenes relacionadas a la cultura argentina.

El joven emprendedor tiene una historia apegada al fútbol y al amor. Viajó al Mundial de Brasil 2014 sin saber que conocería a su pareja y terminó viviendo en Porto Alegre después de convivir seis meses en la capital Argentina.
«La idea de la parrilla la tuvimos con mi mujer y surgió porque todas las demás estaban caracterizadas con Uruguay. A los dos nos gusta la cultura de Buenos Aires y decidimos poner una con identidad porteña», explica sobre el inicio del proyecto y agrega: «Comenzamos a través del fanatismo por Boca Decidimos ponerle «República de La Boca» porque era un nombre que identifica y caracteriza a nuestro país. Buscamos ideas y pusimos remeras de fútbol, y pensamos en un frente con los conventillos del barrio».
Los «gauchos» aman la carne tanto como nosotros aunque no tienen la costumbre de comer achuras. «República de La Boca» se encarga de hacerle explorar nuevos gustos a los ciudadanos de Porto Alegre. «En el Sur de Brasil son casi tan fanáticos como nosotros y ahora se están animando a las mollejas, chinchulines y entraña que son más desconocidos para ellos. Generalmente van a lo seguro como el asado o el ojo de bife», nos ayuda Luciano a entender los gustos de los brasileños.
Está claro que el dueño de la parrilla es hincha de Boca Juniors y, asimismo, encontró una ventaja con los colores xeneizes en la ciudad. «Sirve y mucho la ambientación. Boca apabulló a Gremio en la Copa Libertadores en 2007 y eso se comenta mucho tanto con los hinchas de Gremio y los de Inter. Muchos vienen por eso», reconoce.
El amor por el azul y oro no se detiene para el emprendedor y, a pesar de la distancia, sigue constantemente los pasos del club de la Ribera. «Se sufre igual. Perdí un poco el ritual de los partidos de juntarme a comer asado y ver fútbol pero la pasión sigue intacta. Soy tranquilo. Con el paso del tiempo me tranquilicé un poco, excepto el clásico», cierra.
