El Contador Mundial de Vermouth Deportivo es la excusa más noble que encontramos para utilizar la cantidad de jornadas restantes para Rusia 2018 para narrar historias sobre la Copa del Mundo. Hoy volveremos sobre un hecho ya desarrollado en nuestro medio contextualizado en lo que posiblemente sea el momento más importante de todos los Mundiales. Quedaban 11 minutos de juego cuando Alcides Ghiggia anotó el 2-1 que consagró a Uruguay contra Brasil en el Maracaná y cambió para siempre el color del fútbol.
Puede que el Maracanazo sea la epopeya más grande en la historia de todos los Mundiales, simplemente por tratarse de aquello que resultaba imposible para todos. Y dentro de este hito del fútbol mundial se desprende otra historia muy curiosa que involucra colores, que contaremos al finalizar la presente oración.
16 de Julio de 1950. Final de la Copa Mundial de Fútbol Brasil 1950 en el recientemente inaugurado Estadio Maracaná y ante 199.854 personas, récord vigente en presencia de público a un partido oficial.
El local Brasil, tres veces campeón de América y construyendo los cimientos de lo que sería un futuro de brillo sin precedentes en Mundiales, no había tenido suerte en las anteriores cuatro Copas del Mundo. Enfrente Uruguay, Campeón en la primera Cita Máxima de la historia y con cuatro Copas Américas en su vitrina, defendiendo sus coronas dos décadas después de obtenerlas.
Todas las crónicas de la época relatan una superioridad muy grande entre equipos, Brasil era de temer y el empuje de todo un pueblo lo convertía en campeón anticipado, nada podía quitarle el primer dulce a su rico porvenir. Ambos llegaban invictos al duelo decisivo, pero el 7 a 1 del local ante Suecia, y el 6 a 1 a España, imponían respeto hasta al más irreverente. La Canarinha solo había cedido puntos igualando con Suiza en la Primera Ronda mientras que La Celeste también firmó una sola vez pardas con España; vale destacar que Uruguay disputó un solo cotejo en la Primera Fase (8-0 a Bolivia) fruto de bajas sobre la hora de otros seleccionados.
Para hacer corto un cuento largo y lleno de matices, ineludible en la historia de este deporte, Uruguay logró lo que nadie se atrevió a imaginar doblegando al gigante en el campo de juego y desatando la inconmensurable tristeza.
El temible Albino Friaça Cardoso abrió el score del inevitable triunfo. Sin embargo Juan Alberto “Pepe” Schiaffino puso el nada posible empate y, a once del cierre, Alcides Edgardo “Ñato” Ghiggia dejaría en claro para siempre que en el fútbol puede pasar cualquier cosa marcando el tanto que coronó a nuevamente a Uruguay como Campeón del Mundo. El grito Celeste fue también el silencio más atroz que pudo alguna vez apreciarse.
Alcides Ghiggia logró también transformarse en el primer jugador en convertir goles en cada partido disputado por su Selección en un Mundial.
Se consumaba el “Maracanazo” y mucho tuvo que ver Obdulio Varela, capitán del Seleccionado Uruguayo elegido como figura del encuentro por la prensa mundial. Los escritos también revelan que El Negro Jefe pidió a su equipo intentar jugar de igual a igual, que charló al árbitro inglés pese a no hablar una sola palabra de su idioma y finalmente, tras la gloria, solo murmuró ante la prensa que lo ocurrido “fue casualidad”.
Cambió el color del fútbol a partir de ese día. Brasil afrontó aquel compromiso con una camiseta blanca, la cual fue desterrada para siempre del Scratch tras la imposible derrota. Un periódico local llamó a concurso público invitando a rediseñarla, siendo amarilla con vivos verdes la elegida. En el Mundial de Suecia 1958 se instalaría el color azul como alternativo. Blanco nunca más.
El color de aquella final también está aún presente en el Maracaná. En ese momento el incipiente estadio no tenía la fachada pintada aunque sí estaba definido que sería tintado con los colores del flamante Campeón Mundial. Por eso al ya comprado blanco radiante debieron agregarle celeste, vivos que en la actualidad mantiene el Mário Filho en su exterior.