«Viejo y querido Charrúa, de corazón sin igual, la hinchada te lo agradece y te alienta hasta el final» gritaba la marea de gente que se acercó al Gabino Sosa para despedir al ídolo. El féretro de Tomás Felipe Carlovich pasó por su segunda casa, el estadio de Central Córdoba de Rosario, y tuvo su último adiós emotivo.
La soleada mañana de otoño, el amor incondicional, el no faltar cuando el club lo necesita. Si estuvieron en las buenas, en las otras debían dar el presente. No existieron condiciones, ni prohibiciones, ni coronavirus que detuvieran a los fanáticos para acompañar al «Trinche»
Al otrora astro adorado por Diego Maradona, y que también dejó un gratísimo recuerdo por Mendoza donde jugó para Independiente Rivadavia y Deportivo Maipú, le hicieron un cortejo con una parada previa donde realmente fue feliz. El Gabino Sosa se embanderó de rojo y azul, el público no faltó, aplaudió, se emocionó y, dolorosamente, lo despidió.
Algo parecido había sucedido con José Luis Sánchez en casa del Villero. Al ex El Porvenir y Banfield, la muerte lo encontró de manera inesperada. Aquél último adiós en Rodney y Magnasco tuvo connotaciones similares a este. La marea Verde le gritaba «Qué lo vengan a ver, no es el Enzo ni el Diego, es el Garrafa de Laferrere». En Rosario pasó algo similar. La diferencia es que a Carlovich lo mataron. Pero ese canto emocionó a todos. «Viejo y querido Charrúa, de corazón sin igual, la hinchada te lo agradece y te alienta hasta el final»