Casemiro es un futbolista de trabajo en Real Madrid. Corre, marca, pega y le sirve al entrenador Carlo Ancelotti. De su función en el equipo merengue habló en un reportaje con la Revista Panenka y extendió sus declaraciones a la importancia de su trabajo y la tranquilidad de jugar al lado de Kroos, Modric y Marcelo.
LA FUNCIÓN DE CASEMIRO. «Mi función es destruir, ser pesado, cortar contraataques… Además, hay una gran diferencia entre hacer una falta y actuar con maldad. Yo siempre trato de llegar al balón, voy fuerte, claro, porque soy lo que soy [se señala el cuerpo], y me gusta la intensidad de mi juego. Pero nunca fui con los tacos por delante. Es más: si hago daño a alguien, me enfado. La falta es parte del juego. Pero maldad, nunca. Son los valores que mi madre me enseñó. Nunca voy a hacer daño. Ni a insultar a un jugador. Claro que te picas, es normal y siempre va a pasar. Faltas, seguiré haciendo y tarjetas, seguiré recibiendo, pero los valores nunca los perderé».
LAS RECUPERACIONES SON SUS GOLES. «¡Esos son mis goles! ¡Esas son mis asistencias! Eso es lo que más disfruto del fútbol, cuando robo balones. Cuando termina el partido lo primero que quiero ver es cuántas recuperaciones e intercepciones de tiro a portería he realizado. Esos son mis números. Claro que a todo el mundo le gusta marcar, hacer una jugada bonita, pero mi felicidad está en las recuperaciones de balón. Revelan cuánto he ayudado al equipo».
JUGAR CON MODRIC, KROOS Y MARCELO. «Siempre digo que en los equipos de fútbol debe haber de todo: jugadores de calidad, jugadores que corren, que ayudan… Debe haber una mezcla. Por ejemplo, cuando hablamos de Modric, Kroos y Casemiro: uno ayuda al otro, uno completa al otro. Uno tiene el pase, el otro la agresividad y el otro tiene la magia. Este es el mejor ejemplo. Sin solidaridad ni ayudas no se hace un equipo. Por eso digo que para mí es un honor ayudar a Marcelo, porque la calidad que tiene él no la tiene ningún otro lateral en el mundo. Si estoy pendiente de su espalda, de cubrir sus huecos, es porque sé que él luego podrá ayudarnos arriba».
LA IMPORTANCIA DE SU TRABAJO. «Creo que hay un dato que poca gente conoce y es que los partidos duran una media de 97 minutos. Y el jugador del Real Madrid tiene el balón una media de dos minutos y medio. Los otros 95 estamos corriendo, tapando huecos, haciendo desmarques, ayudando. Muchas veces nos fijamos en los tres minutos y decimos: ‘qué calidad, qué bien’. Pero la gente se olvida de los restantes. Se hace una falta para parar la contra del rival, se tapa un espacio y se obliga al rival a jugar atrás, este trabajo existe pero el fútbol son los 97 minutos. A veces ese trabajo sin balón es más importante. Los centrales o un mediocentro defensivo como yo, que jugamos más atrás, siempre debemos estar pendientes de más cosas, y hay un margen de error más bajo, se debe fallar menos».
FANÁTICO DEL FÚTBOL. «Siempre fui un enfermo del fútbol. Y siempre era el más joven del equipo. Si mi partido se jugaba un sábado a las 17h, llegaba a la una y preguntaba por si faltaba algún jugador en el partido anterior. Me apuntaba a todo, ya fuera de portero, central, lateral o mediocentro. Para mí era muy fácil cambiar de posición. Porque disfrutaba en todas. No me enfadaba si me ponían de lateral o de portero. Me daba igual. No fue difícil renunciar a ser delantero y adaptarme al centro del campo. Por eso una de mis virtudes es la adaptación al partido. No solo en cuanto a la posición. Si es un partido bonito, sé jugarlo. Si es un partido feo, sé jugarlo. Si hay que pelear, ahí estoy. Si hay que disfrutar, también. Esa adaptación es el reflejo de mis ganas de jugar en cualquier lado desde que era niño».
EL ELOGIO DE ENTRENADOR. «Ancelotti me decía el otro día: ‘eres de los pocos que pueden jugar de forma seria un partido muy bonito y también un partido feo’. Rápidamente me dije: ‘prepárate porque vas a ser titular en Copa contra el Alcoyano’. Supongo que viene de mi infancia. Me adapto a cualquier partido y a cualquier tipo de juego».