CAMINO A RUSIA 2018: HOY, EL ARQUERO MUFA

En año mundialista, es mucha la gente que tacha los días para que llegue el puntapié inicial de una nueva Copa del Mundo. Rusia está cada vez más cerca y, desde Vermouth Deportivo, seguimos punzando la ansiedad con aquellas anécdotas y sucesos curiosos que se dieron a lo largo de todos los Mundiales de fútbol. Hoy relataremos la historia del arquero al que nadie quiso tenerlo cerca por ser catalogado como un hombre que atraía la mala suerte.

Corría el Mundial de 1950 y Brasil, anfitrión y único favorito a llevarse la Copa, llegaba a la final con todas las de ganar. La historia del «Maracanazo» es conocida: A los locales les servía un empate para ser campeones del mundo. Sin embargo, Uruguay venció 2 a 1 y de esa forma consiguió su segundo título en la historia del certamen futbolero más importante.

Además del orgullo herido de todo el pueblo brasileño y de la desazón popular por semejante fracaso deportivo, hubo un futbolista que quedó marcado para siempre por la final perdida ante los charrúas. Se trata del arquero Moacir Barbosa, una de las figuras del equipo y con una basta trayectoria en su haber.
Todo cambió para Barbosa luego de los dos goles recibidos en el Maracaná. Cuando volvió a jugar al Vasco Da Gama, sufrió una seria lesión de la que nunca pudo recuperarse y, cuando parecía haberla superado, se rompió nuevamente y debió abandonar la profesión. Años más tarde, cuando quiso reincorporarse al ambiente del fútbol, ninguna institución se ofreció para contratarlo, tildándolo de atraer la mala suerte.

La vida de Barbosa entró en una debacle social, moral y financiera. Su estado anímico se fue desvaneciendo y llegó a cobrar una mínima jubilación con la que no daba a basto para vivir. «En Brasil, la pena mayor por un crímen es de 30 años. Yo estoy pagando hace 43 años, un crímen que no cometí» declaró el ex portero en 1993. Por aquellos años, la selección brasileña se preparaba para afrontar la Copa del Mundo en Estados Unidos y, unos días antes de su debut en tierras norteamericanas, Barbosa decidió dejar todo su malestar atrás y se acercó a saludar al plantel dirigido por Mario Zagalo. La orden del cuerpo técnico fue tajante: De ninguna manera. Barbosa tenía terminantemente prohibido saludar a los jugadores cariocas.
El final de aquel Mundial es sabido: Brasil fue campeón del mundo y, para muchos, la decisión de alejar al arquero mufa fue determinante para alzar el anhelado trofeo.

Muchos periodistas e historiadores brasileños aseguran que Moacir Barbosa fue el futbolista más maltratado en la historia de su país, aún siendo un gran arquero. Barbosa falleció en el año 2000, a los 79 años y sepultado en el olvido. Aquellos dos goles recibidos en la final de 1950, fueron una maldición para toda su vida.