CAMINO A RUSIA 2018: HOY, CUANDO EL VIAJAR NO ERA UN PLACER

El camino a Rusia cada vez está más cerca, porque solo nos separan menos de dos meses para que comience a rodar la pelota en Moscú y se dé inicio a una nueva Copa del Mundo. Hoy en día, todas las selecciones llegan con quince días y hasta con un mes de anticipación al país donde se desarrollará la competencia. Obviamente en avión y con todas las comodidades. Algunos jugadores, incluso, tienen hasta su avión privado. Pero esto no siempre fue así, porque en las primeras ediciones mundialistas, llegar a destino era verdaderamente una odisea.

El primer Mundial de fútbol tuvo tal éxito en tierras uruguayas que la FIFA no dudó en volver a organizar otro certamen en 1934. En un congreso llevado a cabo en Estocolmo, en octubre de 1932, se decidió que un país europeo sería el anfitrión de la segunda Copa del Mundo, dado que la primera edición se había celebrado en Sudamérica. Suecia tenía todas las fichas para ser la nación encargada de organizar el torneo, pero se vio obligada a retirar su candidatura porque Italia «tenía presentado un mejor proyecto». Lo cierto es que en Italia gobernaba el dictador Benito Mussolini, que utilizó al Mundial de 1934 como un trampolín propagandístico de sus ideales fascistas a todo el globo terráqueo.

Con la sede confirmada, el primer país en bajarse de la competición fue Uruguay -campeón reinante en 1930-, aludiendo pagarle con la misma moneda a Italia, que se negó a viajar al Río de la Plata cuatro años antes. No fue la única sorpresa, ya que pocos días antes del inicio del torneo, la organización eliminó la fase de grupos y todos los seleccionados debieron medirse a un duelo con eliminación directa para avanzar a la siguiente ronda.

Esta decisión generó un amplio malestar en algunos equipos y el principal problema era la gran cantidad de tiempo que algunas delegaciones habían tardado en llegar a Italia. Argentina, Brasil y Estados Unidos fueron los más perjudicados: los tres seleccionados partieron en barco desde sus respectivos puertos y estuvieron dos semanas en alta mar para poder llegar a Europa. Lo peor vendría después, porque una vez en tierras italianas, tardaron apenas dos días en despedirse del Mundial por perder sus partidos de eliminación directa, víctimas del nuevo formato.

Otra curiosidad que envuelve a la dificultad de los traslados por aquellos tiempos sucedió con Gyorgy Sarosi, delantero de Hungría, que no pudo disputar el primer partido con su seleccionado ya que perdió el tren que lo trasladaba de Budapest a Roma. Para su suerte, Hungría ganó y pudo seguir jugando con Sarosi en el equipo.

Historias que nos regala el fútbol hay miles, aquí centradas en curiosidades y acontecimientos únicos sucedidos a lo largo de todas las Copas del Mundo.