BOCA JUNIORS 2 – TALLERES (CÓRDOBA) 1: LA COSTUMBRE DEL FINAL

Boca se acostubró a sufrir y, como en las últimas fechas, volvió a definir un partido sobre el final, esta vez, ante Talleres de Córdoba en La Bombonera. Parecía que el duelo entre el Xeneize y el Matador finalizaba empatado pero, en tiempo de descuento, Pablo Pérez salvó al equipo de Guillermo Barros Schelotto con un remate de primera. Ahora, el azul y oro le sacó nueve puntos de diferencia a la T y se pondrá el chip de la Copa Libertadores para su encuentro ante Junior de Barranquilla del miércoles.

Y los hombres de Frank Darío Kudelka plantearon bien el juego con una presión alta impidiéndole la salida al local aunque no fue el mismo de siempre. Perdió peso ofensivo y casi no pateó al arco.  El Xeneize fue acercándose poco a poco al área de la visita y sacó la diferencia previa con una genialidad de Cristian Pavón que recorrió 40 metros, amagó a siete rivales, se metió al área y asistió a Gustavo Bou para el 1 a 0. Todo del 7 bravo. No jugaba bien el conjunto de la Ribera pero fue efectivo. La historia se le complicó al final del primer tiempo al dueño de casa porque los cordobeses empataron por intermedio de la gran debilidad de su rival: la pelota parada. Carlos Quintana aprovechó un cabezazo hacia adelante y con su testa la metió abajo y a un costado del arco de Agustín Rossi.

Le costó horrores a Boca en el complemento. Fue un equipo insulso con un flojo rendimiento colectivo y con las mismas dudas en varios sectores de la cancha. Pocas situaciones pero sin sufrir en defensa ante un visitante que -parecía- se conformaba con el empate. El Guille mandó a la cancha a Ramón «Wanchope» Ábila (cuando lo llamó hizo la seña abriendo los brazos como pidiendo a un gordo) y el delantero no falló: La única que tocó en quince minutos fue en tiempo adicionado con el control de la pelota y un centro al medio del área para definición de primera de Pablo Pérez que explotó y le dedicó el gol agónico a un hincha.

Como ante Tigre y Atlético Tucumán, Boca debió esperar hasta el final para celebrar. Volvió a quedar en deuda en el juego pero no en la actitud. El Xeneize no se entrega jamás y demostró que los partidos se juegan hasta el pitazo del árbitro para buscar los goles. La T no mostró el nivel de siempre y nunca le encontró la vuelta al partido. Los hombres del Mellizo utilizaron la costumbre del final.

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Nació un día después del gol del Diego a los ingleses pero llegó justo para el postre contra Alemania Federal. El fútbol es su vida. Escribe de la misma manera que juega: excelente. Por eso es crack. Los Piojos y Atlético Madrid son su debilidad. En 2005 fundó esta locura llamada Vermouth Deportivo.