Boca Juniors sufrió ante San Martín de Tucumán pero contó con la figura de su arquero Esteban Andrada para aguantar los ataques del Santo y mantener el cero que sobre el final Edwin Cardona y Wanchope Ábila rompieron en Formosa. El Xeneize pasó un duro escollo en la Copa Argentina y clasificó a los octavos de final (enfrentará a Gimnasia La Plata) con un rendimiento por debajo de los nombres que tiene.
El Ciruja no le tuvo miedo al equipo de Guillermo Barros Schelotto y lo atacó durante todo el primer tiempo. Ni Claudio Bieler (remate en el palo y un tiro libre), ni Fabián Espíndola (mano a mano), ni Adrián Arregui (disparo desde afuera del área) pudieron con Andrada. El 1 del azul y oro fue el jugador más valioso del partido y el sostén de un conjunto que notó la ausencia de Wilmar Barrios y penó la flojera en defensa. Lo mejor de los porteños pasó por los pies de Edwin Cardona, el más claro, y la única chance la provocó Darío Benedetto con un disparo por encima del guardametas que dio en el travesaño.
El ingreso de Carlos Tévez le cambió la cara a los dirigidos por el Mellizo (entró por Mauro Zárate de bajo rendimiento). El ímpetú y las ganas de mostrarse hicieron del Apache un baluarte necesario para mejorar el nivel. Nicolás Giménez y Bieler volvieron a probar en los tucumanos pero nuevamente, Andrada se lució con su seguridad. El Xeneize creció y encontró los goles por las habilidades individuales. Cardona encaró cerca de la media hora del complemento y se animó desde afuera del área. Un desvío descolocó a Ignacio Arce y el de la Ribera ganó un poco de paz. El panorama para el elenco de Forestello se fue al «diablo» con la expulsión de Arregui y con el penal convertido por Wanchope Ábila.
En La Boca le rezan a Esteban Andrada que entró fino en el arco de Guillermo y volvió a salvar al Xeneize en los 16avos de final de la Copa Argentina. Mereció menos pero triunfó. Algo normal para Boca que tiene suerte y también individualidades.