Los meses anteriores al Mundial de Italia 1990 fueron una novela con varios capítulos interminables de dudas, halagos y declaraciones. Al Presidente en esos tiempos, Carlos Saúl Menem, no le agradaba la forma de juego de Carlos Bilardo al mando de la Selección Argentina y encima pedía a Ramón Díaz en el equipo pero la popularidad del Doctor era demasiado jugosa como para no aprovecharla.
«Bilardo es el mejor del mundo». Así tituló el Diario Clarín en su tapa del 18 de abril de 1990 a pocas semanas de la Copa Mundial de la FIFA de Italia 1990. El máximo dirigente político de los noventa cenó un día antes en la Casa Rosada con el entrenador campeón del mundo en 1986 y lo respaldó a pesar de los bajos rendimientos de la Albiceleste en esa época. Se rindió ante un técnico que, aún siendo discutido por la prensa, tenía un arrastre en la gente en esa fecha. El Diario El País no deja mentir en una nota de abril de 1990 escrita por Carlos Ares: «Una encuesta entre estudiantes de la Universidad de Buenos Aires demostró que un alto porcentaje de jóvenes considera a Bilardo como uno de los personajes «más honestos y creíbles» entre todos los conocidos por ellos».
No insistió más con la convocatoria de Ramón Díaz, lo respaldó en su cargo y hasta vaticinó la llegada a cuartos de final de Italia 1990. Los cálculos de Menem fallaron porque Argentina fue finalista en esa competencia. No le tenían tanta confianza y menos tras el debut con derrota frente a Camerún. Las casualidades de la vida (y sin menospreciar a la leyenda urbana de mala suerte) hicieron que Carlos Saúl fuera el último presidente en pisar un partido de fútbol en un Mundial. Bajó al vestuario, le deseó suerte al plantel, observó el encuentro pero el final no fue feliz: derrota ante Camerún en la inauguración de la Copa. Tres décadas sin presencias de Presidentes en una cita mundialista que Mauricio Macri estuvo cerca de romper en Rusia 2018 aunque, con el tiempo, desistió de viajar al Viejo Continente.
Treinta años no son nada. Carlos Bilardo nunca necesitó defensores de su trabajo y siempre mantuvo la palabra (avisó que renunciaría a la Selección después de la Copa y lo hizo). «Yo tuve una columna entre los años 1983 y 1990 en el diario para defenderme, era el único lugar donde podía defenderme», le decía el Doctor a La Nación. Hoy, con el paso del tiempo y con el diario del lunes, no había que esperar que un presidente lo dijera. Bilardo era el mejor del mundo.
