Hay historias que merecen ser contadas, como la del escolta estadounidense, que forjó su nombre en la NBA trabajando duro y de una manera distinta a las demás.
Para ser reconocido por todo el mundo del básquet y dejar un sello característico no es fácil. Muchos han tratado de imitarlo, miraron sus videos y pusieron en práctica sus movimientos. Otros, por más que le vayan a otra franquicia, no querían tener la oportunidad de tener su camiseta. Sin embargo, ¿Cuánto conocemos a Kobe Bryant? ¿Quién es verdaderamente? ¿Cómo llegó a ser lo que es en la máxima liga mundial? Recopilamos un gran hilo de Ignacio Miranda sobre una de las leyendas de los Lakers.
Kobe nació el 23 de agosto de 1978 en Philadelphia. Es el menor de los tres hijos que tuvieron Joey Bryant, ex jugador de la NBA, y Pamela Cox. A los seis años, con el padre decidió cambiar de rumbo y se fueron a vivir a Italia hasta que se retiró del deporte. Allí, tuvo al básquet como una diversión, pero el deporte que más practicaba era el fútbol. En varias veces reconoció que, si no se hubiese ido de Europa, hoy sería jugador profesional de este último. Pero, a los doce años todo cambió.
De tal palo tal astilla. De vuelta en Estados Unidos siguió el camino de su padre. Adoptó una rutina fascinante. Comenzaba a las 5 de la mañana y terminaba a las 19. Todos los días tenía que convertir 1.000 tiros al aro y retaba a sus compañeros a jugar 1vs1 al primero que llegue a 100. Nadie pudo ganarle y, menos, meterle más de doce puntos. Antes del draft, entrenaba con los angelinos. El vicepresidente de la franquicia, Jerry West, lo hacía jugar mano a mano contra Michael Cooper, el mejor defensor, y Dontae Jones. Quienes presenciaron eso destacan que destrozó a Cooper y West quedó loco por él. Le destacó que no había miedo en Kobe.

Sin embargo, fue drafteado por Charlotte Hornets en el puesto 13. West, empecinado por Bryant, traspasó a una pieza fundamental de su equipo, Divac. Pero lo que no sabían era que tenía una ética de entrenamiento enfermiza. Esto causaba preocupación ante alguna lesión. Por esta razón, el asistente del equipo, Bill Bertka, le había sacado las llaves del gimnasio para tenerlo controlado. Aunque, con el correr del tiempo, se dieron cuenta que eso no lo detuvo. Nadie sabía cómo ingresaba al gimnasio para entrenar en soledad.
Ese día, se quedó entrenando hasta las 2:30 de la madrugada. Una vez que se fue, encontraron la razón. Había trabado las puertas con una media para que no se cierre. “Todos ustedes no ven una mierda” exclamó. Además, Byron Scott, rememoró en su momento un hecho único. La práctica era a las 11. Pero dos horas antes, se escuchaba el pique de una pelota en el gimnasio, aunque las luces estaban apagadas. Al acercarse, se da cuenta que Kobe estaba tirando al aro sin iluminación. Ahí Byron exclamó: “Este chico será grandioso”.
En 1997, Robert Horry, uno de los mejores tiradores de clutch, fue compañero de él y fue motivo de una solución: El tiro de tres. Le armaba torneo de triples en el que participaban junto a Shaw, Richmond y Rambis. Siempre perdía. Sin embargo, con tal de mejorar, se levantaba bien temprano y cuando llegaba el plantel lo encontraban tirando, solo en el gimnasio, de tres. A partir de ahí, fue imbatible. En una entrevista en televisión, Robert destacó: “La dedicación de Kobe Bryant hace a este deporte irreal”.
En 2009 llegó en la Summer League Tony Gaffney. Reconocido como especialista defensivo, Kobe lo tomó de punto y durante tres semanas le jugó uno vs uno antes y después del entrenamiento. Siempre con diferentes reglas, aumentando la dificultad para ambos, así y todo, no le pudo ganar. Ni siquiera lo venció en llegar temprano a las prácticas. “No importaba a la hora que arribaba, él ya estaba ahí y había transpirado tres camisetas” comentó el alero.
Nueve años antes, Jhon Celestand, había sido drafteado para los Lakers. En ese año tuvo la chance de que Bryant se haya fracturado la muñeca derecha y se perdía gran parte de la temporada. Creyó que iba a ganar terreno. Hizo mal. Cada vez que llegó al entrenamiento, escuchaba el pique del balón en el gimnasio. Ahí estaba “Black Mamba” entrenando tiros con la mano izquierda y con la otra enyesada.

Tal era su ética al entrenamiento, que en la previa a los juegos de Beijing 2008, llamó a las cuatro de la mañana al preparador físico de la selección, en la previa de un amistoso, para que se dirija al gimnasio. Quería mejorar su acondicionamiento en ese momento, sin mediar oposición, fue hasta allá y se encontró que hacía horas que entrenaba solo. Tras dos horas de trabajo intenso, se dirigió a su casa a dormir. Al llegar al entrenamiento a las 11, se lo volvió a encontrar en la cancha. Mientras todos dormían, él quería convertir 800 puntos al hilo.
Ya en China, antes de la primera práctica, Wade y Bosh fueron los primeros en ir a desayunar. Se encontraron con una sorpresa. Kobe estaba con una bolsa de hielo en sus rodillas. Preocupado, Dwyane, le preguntó a Chris que le pasó y sin titubear le contestó: “Se levantó hace tres horas y ya hizo una sesión de entrenamiento solo, sin la ayuda de nadie”.
El profesionalismo no tenía que ser de una sola persona, sino que de todos. Luke Walton contó una gran anécdota que reflejó esto. “Había bebido demasiado la noche anterior a un entreno. Llegué y como era novato, me sentía bien. Tal vez, podía oler un poco a alcohol. Kobe lo percibió, lo informó al resto de mis compañeros y pidió que no me den ayudas defensivas. Yo me reía. Él pensaba en destruirme en el campo de juego. Me anotó 70 puntos y no lo podía parar, pedía ayuda y nadie se acercaba. Me enseñó una gran lección, su instinto asesino y su ética me quedaron grabados” explayó.
Para finalizar este gran hilo, Phil Jackson comentó en su libro “Once anillos” que un día llegó a las 8:30 al pabellón y se encontró al jugador durmiendo en su auto. Resulta que entró por la madrugada y se fue a su coche a dormir un rato para el entrenamiento de la mañana. Por ese motivo, lo invitó a desayunar como regalo. “Momentos así nos unieron mucho. Nos gustaba comer antes que los demás, siempre admiré su dedicación” escribió. Ya retirado, sigue manteniendo la ética, pero con su hija, de trece años. Se levantan a la madrugada a entrenar y muchos dicen que tiene un futuro prometedor.
Gentileza, Hilo de @nachomiranda14 (Ignacio Miranda)
Texto: Facundo Olguín // @FacuNicolás23