Si la Albiceleste hizo la reserva en algúna página de hoteles o viajes seguramente terminará completando la encuesta de satisfacción con una calificación nefasta. Lo cierto es que a la Selección Argentina le hicieron sentir el rigor desde temprano en Calama y, lo que empezó en el aeropuerto, se trasladó al alojamiento donde realmente pasaron un momento muy malo.
El Diego de Almagro, de cuatro estrellas, con un valor cercano a los 100 dólares por noche, se transformó en una pesadilla para los muchachos de Lionel Scaloni que serán dirigidos por Walter Samuel en la altura trasandina. Tal fue así que la ansiedad por los deportistas en dejar las habitaciones y partir al Zorros del Desierto se hizo notar a cada rato con el hambre de gloria que caracterizó a este equipo en el último tiempo.
Sin agua durante más de cuatro horas, con el encedido de alarmas cada media hora, y una prueba de sonido a la hora de la siesta. De no ser porque se alojaba la Albiceleste allí, cualquier turista hubiese necesitado solicitar nuevamente vacaciones después de semejante papelón para un hotel de ese nivel.
A pesar de todos estos escollos que atravesó la Selección Argentina, del otro lado del ring se le solicitó a los simpatizantes de La Roja a ser cautelosos con el maltrato a sus rivales. En pos de evitar nuevas sanciones por parte de FIFA, la exigencia de Chile para con los espectadores radicaba en el respeto al prójimo. Algo que, a simple vista por lo comentado en varios medios, no sucedió en el alojamiento de los invitados a esta noche en Calama.