Corrían los minutos finales del tiempo suplementario en el Al Rayyan Stadium cuando el entrenador de Australia, Graham Arnold, mandó a llamar a Andrew Redmayne, arquero suplente del seleccionado. El DT supo que los penales ante Perú eran inevitables en el estadio qatarí y se guardó su mejor carta para el final, emulando así el cambio realizado por el neerlandés Louis Van Gaal -puso a Tim Krull en lugar de Jesper Cillessen- ante Costa Rica en Brasil 2014.
Si bien poco se conocía de este arquero de 33 años, el lunes pasó a ser un héroe nacional, ya que le dio a Australia el boleto para el Mundial de Qatar 2022. Con un registro poco alentador de cuatro penales atajados en un total de 19, Redmayne entró a la cancha por Matthew Ryan para hacer lo que mejor sabe: desconcertar a sus rivales con bailes inusuales sobre la línea de meta.
Es que el portero del Sydney FC fue protagonista en la definición desde los 12 pasos ya que atajó el penal definitivo, el que le dio la clasificación a la Copa del Mundo a su país por quinta vez consecutiva y dejó sin travesía mundialista al conjunto de Ricardo Gareca. Como si se tratase de la rutina de un arquero de handball, Redmayne realizó su ritual previo a cada remate y detuvo el lanzamiento más importante, ejecutado por Alex Varela.
Sin embargo, no es la primera vez que el guardameta australiano ejecuta su táctica bailarina. En la final de la A-League del 2019 sacó a relucir sus movimientos ante el Perth Glory y le dio el título al Sydney FC, atajando dos penales -uno de ellos adivinando la intención de Brendon Santaleb de picarla-. Los saltos, la caminata sobre la línea y cualquier tipo de artimaña física dieron sus frutos hace tres años y le volvieron a funcionar este lunes ante el seleccionado peruano.
Si bien su recorrido por el fútbol no fue tan exitoso (debutó en el A.I.S. y pasó por el Central Coast Mariners, Brisbane Roar, Melbourne Heart, Melbourne City y Western Sydney) como su actuación de hoy, el currículum de Redmayne pudo haber sido muy diferente en sus comienzos según contó el Sydney Morning Herald hace seis años. El medio australiano reveló que pudo haber vestido los colores del Arsenal inglés a sus 16 años cuando mantuvo la valla invicta ante ese mismo equipo, pero el juvenil, mientras atajaba para el instituto deportivo de New South Wales.
Si bien ese puesto se lo terminó quedando Wojciech Szczęsny, casi dos décadas necesitó Redmayne para volver a estar en la mira de todo el mundo. Cuesta creer que en su juventud aplicase la misma técnica de distracción que en 2019 sacó campeón al Sydney FC y que este 13 de junio hizo mundialista a Australia, que conformará el Grupo D junto a Francia, Dinamarca y Túnez. “Es una manera de que el rival no sepa a dónde me voy a tirar y además quiero que se pongan nerviosos, que el arco les resulte más chico de lo que realmente es”, explicó.
Hasta el día de la fecha, solo había jugado dos partidos en la Mayor: debutó con 30 años como titular en un amistoso contra Corea del Sur en 2019 y volvió a jugar en 2021, por las eliminatorias al Mundial, ante Nepal. En cambio, en las selecciones juveniles, corrió con un poco más de suerte, siendo citado para el Sub 20 y el Sub 23 en varias oportunidades.
A nivel internacional ya se había visto algo similar. En la final de la Copa de Campeones de 1984, Bruce Grobbelaar hizo de las suyas ante la Roma en la definición desde el punto penal para desconcentrar a sus rivales y darle la Orejona al Liverpool. Mientras que en esa misma competición -ya llamada Champions League- e instancia, pero en 2005, Jerzy Dudek no quiso ser menos en la historia de los Reds y llevó a cabo la misma estrategia ante el Milan, atajándole los penales a Andrea Pirlo y Andriy Shevchenko para conmemorar El Milagro de Estambul.