Juegan a otra cosa. Tienen un nivel superlativo y aprovechan sus virtudes al máximo. Francia no solo mereció el triunfo ante Uruguay (2-0) sino que también le propinó una dosis de su propia medicina. En un partido cerrado, los Blues sacaron al cero de lado con una pelota parada, una especialidad charrúa. Tocan, marcan y prueban al arco como en el segundo gol (acierto de Antoine Griezmann y grosero error de Fernando Muslera). No hay con qué darle, los hombres de Didier Deschamps son justos semifinalistas. La garra celeste no fue suficiente.
La lógica se planteó desde el inicio. Los uruguayos lucharon en la mitad de la cancha con el esfuerzo de Nahitan Nández y Lucas Torreira, y los vestidos de blanco controlaron la pelota con pocos sobresaltos en el arco de enfrente. Kylian Mbappe fue el más peligroso de los dirigidos por Deschamps y justamente el atacante del PSG se perdió una gran chance de cabeza dentro del área. Se vio a un charrúa molesto y guerrero que cuando quiso ser profundo lo fue con alguna situación aislada con una volea de Matías Vecino a las manos del arquero. A Uruguay lo golpearon con una dosis de su propia medicina. Una pelota parada abrió el marcador para los europeos (40″PT): centro de Antoine Griezmann y cabezazo goleador de Raphael Varane. La Celeste no se quedó con los brazos cruzados y tuvieron muy cerca al empate con un testazo de Martín Cáceres desviado con una maravillosa atajada de Hugo Lloris.
El hambre característico de los rioplatenses saltó al complemento con más empuje que fútbol y ataques por las bandas. El Cebolla Rodríguez fue el único que probó a los tres palos de Lloris pero con resultado desviado y los franceses durmieron el duelo con el andamiaje perfecto del incansable Ngolo Kante, Mbappe y Paul Pogba. Todo se facilitó para los Blues por un error de Muslera: disparo desde afuera del área de Griezmann y resistencia deficiente a la red. El 2 a 0 liquidó a los sudamericanos, el cotejo se calentó pero nunca tuvo vuelta atrás para los de Oscar Tabarez.
Francia maneja los tiempos y demuestra un nivel superior a sus rivales como con Argentina hace una semana y hoy, ante Uruguay. Con una dosis de la propia medicina charrúa (la pelota parada), los Blues pasaron a las semifinales de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018.