Opinión.-
Desde la llegada de Ariel Holan, Independiente es otro equipo, es otro club y hasta parece ser otra institución. Ojo, gran culpa también se debe al buen balance de la gestión Hugo y Pablo Moyano desde que asumieron como comisión directiva y decidieron agarrar un fierro hirviendo para sanearlo de a poco.
Tal vez se pueda recalar en algunas incorporaciones que no hicieron pie en un club como el Rojo, Martín Lucero, «El trencito» Valencia o Jorge Ortíz, por nombrar solo a algunos. Pero en vísperas del fin de su mandato -con una posible reelección-, lo trabajado es indiscutible.
Se saldaron deudas millonarias con distintos bancos, se regularizó el pago a los empleados y proveedores, diferentes sponsors se fueron acercando porque el club volvió a ser confiable en lo financiero, se mejoraron las instalaciones de los predios, las sedes, la escuela y la pensión para las divisiones inferiores. Capítulo aparte para la terminación del Estadio Libertadores de América, una obra inconclusa hace años que ahora espera por un techo en cada una de sus cabeceras.
En el plano futbolístico sigue faltando la frutilla del postre, ese tan ansiado campeonato que piden a gritos los hinchas. Pero los rivales hoy respetan a Independiente, algo que se había perdido -con mucha vergüenza- entre tanta decadencia deportiva, social, cultural, económica e institucional. Con un descenso al Nacional B incluído, con sillas volando por los aires y ser noticia por el impresentable de Bebote Álvarez más que por un triunfo a los vecinos. Hoy el Rojo cuenta con un plantel competitivo, se han realizado ventas de jugadores al exterior por millones de dólares -desde las transferencias de Agüero y Ustari que no sucedía- y los futbolistas volvieron a sentir el orgullo y el deseo de vestir la camiseta de Independiente.
«Arrancamos muy bien» expresó Leandro Fernández, «Tenemos un gran plantel» declaró Walter Erviti, «Estoy muy felíz en el club» mencionó Juan Sánchez Miño. Independiente está bien y hace muchos años que no sucedía. Claro que la torta se puede dar vuelta con una racha de malos resultados, el hincha es así y el grueso del periodismo del «medio grande» se encargará de buscarle el pelo al huevo que tape todo lo trabajado. También se puede estar mejor, mucho mejor.
Esto no es hacer lobby, ni ser partidario local, ni apoyar a una comisión directiva de cara a unas nuevas elecciones. En Vermouth Deportivo, los periodistas tenemos libertad de expresión sin violar la ética profesional y esta nota simplemente cuenta de certezas. La única realeza, la realidad. Independiente está bien.