Eran locales. Eran mayoría. Gritaron más. Se mimetizaron con la actitud de su equipo. Los fanáticos de Arabia Saudita dieron una verdadera demostración de superioridad en todo sentido. Adentro y afuera de la cancha.
Esta vez, la algarabía y la ilusión de los hinchas argentinos no pesó como en otras oportunidades y se vio tapada y callada por el ensordecedor griterío de los aficionados de los vecinos de Qatar.
Cada robo, cada falla de Messi, cada acierto árabe activó un grito imposible de superar. Cuánta más gente, menos posibilidades de ganar la batalla musical a pesar de la fama argentina.
Parecía un coro cada vez que se entonaba alguna canción. Todo a la perfección. Es más, la acción en la tribuna contagió en el campo y viceversa. Hinchada y jugadores fueron uno solo. Los de Arabia Saudita, claro.
Los árabes superaron a sus pares albicelestes en la música futbolera y le ganaron la batalla en las gradas. Hay que aceptar que los Halcones Verdes se hicieron sentir más que los argentinos. Aunque nos duela y nos que el orgullo, la derrota fue en ambos lados del mostrador. Repito: adentro y afuera de la cancha.
