No son 22 personas atrás de una pelota. No siempre gana el que más goles hace. El fútbol tiene mucho por enseñar y, sin dudas, que el comienzo de una Copa del Mundo trae consigo un sinfín de novedades. Porque así como hoy es Rusia 2018 tranquilamente pudo haber sido el Mundial de la Unión Soviética. Pero pasan los años, gira el planeta, caen los imperios y el fútbol sigue estando ahí, intacto, apasionante, deslumbrante.
Los que no entienden esta locura posiblemente no compartan esta pasión. Quienes amamos este deporte creemos que Da Vinci habrá sido un genio pero que nunca pudo dibujar un caño, una gambeta o una rabona. Pensaremos que Mozart será eterno pero no existirá melodía más atractiva que la de una hinchada cantando al unísono. Que Cervantes para los de habla hispana, o Shakespeare para los ingleses, escribieron las mejores novelas sin saber que los finales más hermosos son los que incluyen una vuelta olímpica.
Empieza un nuevo Mundial. Uruguay ya cobijó al primero cuando los jugadores viajaban meses enteros en barco. Hoy los híper-profesionales vuelan en aviones privados con comodidades dignas de otra galaxia. La guerra nos privó de dos competencias sin darse cuenta que muchas veces la pelota fue motivo para poner tregua a una masacre. Hubo torneos de 13 equipos, de 15, de 16, de 24, de 32 y dicen que habrá de 48. Cambia, todo cambia, menos la pasión por el fútbol.
No son 22 personas atrás de una pelota. Son más de 7 mil millones de seres humanos que, con o sin intenciones, estarán siguiendo las alternativas del torneo deportivo por excelencia del globo terráqueo. No siempre gana el que más goles hace porque en verdad ganamos todos cuando seguimos creyendo en el fútbol y emocionándonos con él. ¡Qué ruede la pelota y comience el show!