17 AÑOS DE UN VUELO INOLVIDABLE

Quién diría que, en 3,8 segundos, alguien pueda hacer algo tan simbólico para la historia de un país. Hoy se recuerda uno de los momentos más icónicos del básquet nacional y, me animaría a decir, internacional. Hace 17 años, Emanuel Ginóbili encestó un doble con el que nuestra selección superó por uno a Serbia y Montenegro en el debut de los Juegos Olímpicos Atenas 2004. Pero el tanto no fue una bandeja o un tiro con los pies en el piso, sino que el 5 lo hizo volando cual paloma en pleno centro porteño o, en este caso, ante los ojos del mundo y de los dioses griegos.

Es tanto el recuerdo y la idolatría de ese doble que, muchas veces, nos olvidamos que fue en la primera fecha del grupo y no en una fase de eliminación directa. La palomita tiene este tinte peculiar porque, además de cómo fue encestada, enfrentó a las dos selecciones finalistas del mundial anterior, y porque fue el puntapié hacia la gloria de ese año.

Con un punto a favor, Serbia tuvo dos tiros libres en las manos de Dejan Tomašević, quien erró el primero y embocó el último. Menos de cuatro segundos, sin tiempo muerto, el margen de error no permitía fallo alguno y la pelota la tenía Alejandro Montecchia. Éste se sacó de encima a su defensor y pasó la naranja a Ginóbili que, con 0,6 segundos para decidir y el defensor adelante, pegó un salto y lanzó al aro con la ilusión de la victoria en el aire. El tiro entró y los festejos de los nuestros se desparramaron por el parquet para abrazar Manu.

Otros optaron por correr sin rumbo alguno, con el grito en el aire y la mirada en quién sabe qué, como Rubén Magnano. Pero ese doble quedó en el recuerdo y hoy, 17 años después, lo vivimos de la misma forma y con una emoción similar.