EL FÚTBOL EN EL BÁSQUET: “SOY UN APASIONADO DEL FÚTBOL”

El básquet sigue en pausa por el COVID-19 que afecta a nuestro país, así que aprovechamos y a los jugadores de nuestro básquet nacional, los hacemos hablar sobre su pasión por el fútbol.

Como hicimos con Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo y Platense, hoy es el turno del Club Atlético Rosario Central, conocido simplemente como Rosario Central o Central, es una entidad deportiva argentina de la ciudad de Rosario, cuya actividad principal es el fútbol y por eso nos contactamos con uno de sus hinchas: Nicolás Paletta, jugador del Hispano Americano.

Vermouth Deportivo: -¿Cómo nació tu fanatismo por Rosario Central?

Nicolás Paletta: – Es todo netamente familiar. Mi abuelo vivió y nació en Rosario, a cuatro cuadras de la cancha. Toda esa herencia del fanatismo del fútbol nació ahí, se la pasó a mi papá y a mi tío, cuando se vinieron a Bahía nos terminaron haciendo fanáticos a todos. Cuando podemos, vamos a visitar a la familia que está en Rosario y de paso, aprovechamos para ir a la cancha.

V.D.: -¿Ves todos los partidos que podes?

N.P.: –Si, todos. No me pierdo ninguno. Salvo que tenga algún partido, entrenamiento o esté viajando pero eso ya es un ritual. Juega Central y no hago otra cosa que no sea mirarlo, sea en el celular, en la cancha o en mi casa. Me ha pasado que, estando afuera del país, lo he mirado por el celular. Cuando juega Central, no hay otra cosa para ver.

V.D.: -¿Quién es tu ídolo?

N.P.: –Y, hay varios ídolos, pero me voy a quedar con dos, que son Edgardo Bauza y Mario Alberto Kempes. El “Patón” es el número uno porque fue campeón como jugador y como técnico, es genuino de Central, es hincha y es rosarino. Y el “Matador” es el máximo goleador de Central y es campeón del mundo y goleador de ese mundial, así que dejó bien representado al club. Quizás haya otros que yo no los he visto jugar o el caso de Marco Ruben en este último tiempo.

V.D.: – ¿Qué es lo más loco que hiciste por Central?

N.P.: –No hice tantas locuras. Mi trabajo y mis responsabilidades me implican no ir tanto a la cancha, voy una o dos veces al año solamente. Mi familia, que tiene un poco más de tiempo si va y hasta se fueron a la final de la Copa Argentina. Lo más loco que he hecho fue estando de vacaciones y que no me importe nada donde estaba, sea una playa o una ciudad turística, me volvía al hotel y me ponía la computadora o el celular para ver el partido. Lo hice varias veces y eso no le gustó nada a la persona que estaba conmigo, pero bueno, jugaba Central y, aunque haya sido un partido poco importante, no me lo quería perder.

V.D.: – ¿Cómo es el día que a Nicolás Paletta le toca jugar y a la vez juega Central?

N.P.: –Me ha pasado muchas veces, sobretodo con los entrenamientos que coincidieron horarios. Llegaba a la cancha y entraba al vestuario con el celular en la mano mirando el partido o viendo el resultado de como va. Pero bueno, después, ya me toca entrar a jugar y cuando termino me fijo cómo terminó.Siempre miro los días que juega Central y ruego para que no me coincida con los entrenamientos porque he llegado tarde o muy justo por quedarme mirando el partido. No me gusta para nada cuando se superponen con los entrenamientos, pero mi obligación es otra (risas).

V.D.: -De lo contemporáneo ¿Qué equipo se te viene a la cabeza cuando te dicen Rosario Central: el de Bauza, el de Coudet o cuál?

N.P.: –Más que nada el 2001 cuando llegamos a la semifinal de la Copa Libertadores con Bauza. Aunque mi fanatismo empezó más de grande, cuando tenía 16 o 17 años, cuando era chico no lo vivía tan así. Justo se da con la semifinal de la Libertadores, con ese período de Bauza. El de Coudet me agarró en una etapa más de fanático. Fui a ver el partido contra Atlético Nacional en el Gigante de Arroyito por Copa Libertadores, que ganamos ese partido pero perdemos la serie. Esta etapa la tengo más presente y porque jugaba bien el equipo de Coudet. En las finales de la Copa Argentina sufrí mucho con Central: el ‘robo’ con Boca, la final que perdimos con River, ante Huracán por penales, hasta que me desahogué contra Gimnasia, cuando salimos campeones en 2018. A esa final la viví en mi casa de Río Gallegos, la vi con unos amigos comiendo, y yo loco con el campeonato.

V.D.: -Cómo vivís los clásicos con Newell’s?¿Tenés amigos leprosos?¿Hay cargadas cuando Central gana?

N.P.: –Los vivo tranquilo, como cualquier otro partido, pero con el deseo de querer ganarlos sí o sí. Los sufro un poco pero últimamente nos está yendo bien en el historial, por suerte, por eso confío en que vamos a ganar. Amigos de Newell’s, no tengo muchos. Me pasó que, en 2016, vivía en Resistencia y, a dos departamentos de separación, vivió mi amigo Pablo Fernández, que es fanático de Newell’s, y los días de clásico cada uno lo miraba en su casa, no había forma de que lo miremos juntos, y cada gol se sentía en el edificio (risas). Estoy tan acostumbrado a ganarles que lo vivo muy tranquilo.Y las típicas cargadas siempre están, y más con él porque es uno de los pocos amigos leprosos con los que tengo más relación, pero siempre de buena forma y quedan ahí.

V.D.: -¿Cuál clásico recordas más?

N.P.: –Recuerdo un montón de clásicos, pero el primero que se me viene a la mente, que va a ser el más recordado de la historia, es cuando ganábamos 4-0 de local y, después de que les echaron a varios jugadores, Newell’s hace pasar por lesionado a un jugador porque se venía una goleada histórica. Se suspende el partido con seis jugadores y termina abandonando, haciendo que sea el clásico más recordado de la historia. No es muy común que un equipo se vaya antes de que termine el partido por miedo a recibir una goleada ante su clásico rival. También recuerdo el clásico del año que salieron campeones, tenían un equipazo con Martino en el banco, y les ganamos igual. Por suerte, todos los que recuerdo fueron victorias.

V.D.: -En Rosario, el fútbol se vive muy pasional ¿Con qué partido de LNB lo comparas?

N.P.: -No existe. No es por La Liga Nacional y esto te lo puede decir un hincha de cualquiera de los dos equipos. El clásico de Rosario no es comparable a nada, a ninguno en el mundo. No por mejor o peor. Es que se vive tan pasional, tanto así que hay muchas veces que no estoy de acuerdo de que se viva de esa forma pero es así. Es tan grande el fanatismo por Central o Newell’s que no existe otra cosa. En Rosario no se le da bola a otros deportes, no se les da bola a otros equipos porque mandan los dos. Vas a encontrar muy pocos hinchas de Boca o de River. Se viven muy presionados los clásicos, ni un Barcelona-Real Madrid se vive así, independiente de lo gigante que sea el Clásico Español en el mundo.

V.D.: -¿Tenes alguna anécdota en torno al clásico?

N.P.: –Todavía no tuve la posibilidad de ir a un clásico porque nunca me coincidía. Pero de verlos, tengo una con Pablo Fernández que, como te decía, en 2016 jugábamos en Hindú de Resistencia, vivíamos en el mismo edificio y mismo piso y cada uno miraba el partido desde su casa. Justo se da que, ese año, Newell’s nos ganó 1-0 a los 94 minutos con gol de ‘Maxi’ Rodríguez. Me bajó la puerta a los gritos. Yo no quería salir del departamento. Lo que fue después ir a entrenar y aguantarlo. A los cuatro o cinco meses, seguíamos viviendo ahí y gana Central, creo que 3-1, y se la pude devolver, porque sino me quedaba con una bronca bárbara. Pero era muy gracioso que los dos nos encerramos en nuestras casas, ni nos hablábamos. Después, a las dos horas íbamos a entrenar juntos, pero con el partido no se jodía.

V.D.: -¿Cómo viviste el descenso y el proceso de volver a primera?

N.P.: –Creo que fue un período muy malo de Central, futbolísticamente y desde la parte directiva. Un proceso de varios años que nos llevó al descenso. Lo viví mal, porque encima mis hermanos, mis primos, habían ido a la cancha ese día y sé el sufrimiento que fue para todos. Pero bueno, eso ya quedó atrás. Creo que, después de un descenso, todo se soluciona y nos costó un par de años volver. Una vez que volvió, se acomodó en Primera. Creo que son esas cosas, que se necesita tocar fondo para levantar, y bueno, es algo que tenía que pasar, que no fue nada lindo. Pero eso ya quedó atrás y esperemos que no se repita más, fue un momento feo para todo hincha de Central.

V.D.: -¿Jugaste alguna vez al fútbol en serio?

N.P.: –Por más que soy profesional del básquet, el fútbol me encanta. Soy muy fanático del fútbol, me gusta ver mcuhos partidos, sobre todo Central, pero miro mucho fútbol. Me junto con mis amigos a ver mucho fútbol y también me encanta jugarlo. Ahora ya no tanto, pero antes, cuando venía en algún receso de fiestas o algo así, yo era el que me ponía a organizar con mis amigos algún partido de 7, 9 o 11 con ellos. Cuando era más chico, sí jugué en serio, pero fue con mi hermano en una liga universitaria , con jueces de línea, árbitros, todo, era muy serio y me pude sacar las ganas de competir. Me encanta jugar al fútbol, es el deporte que más me gusta. Es más, juego al básquet porque vivo de eso pero, en mis tiempos libres si me das a elegir entre jugar al fútbol o básquet, me quedo con el fútbol; ni lo dudo.

V.D.: -Durante mucho tiempo se discutieron cosas entre los fanáticos del básquet y del fútbol. Para vos. ¿Cuál crees que es la diferencia entre la selección de fútbol y la del básquet en cuanto a llegada?

N.P.: – Es un lindo tema para debatir. Desde mi punto de vista, nosotros en los últimos 15 o 20 años agarramos a la Generación Dorada de básquet que, más allá de los resultados obtenidos, logró cosas fuera de lo deportivo que fueron más importantes. Nosotros nos quedamos con la medalla de oro y demás, que fue muy importante, ellos marcaron un camino y una serie de valores para nosotros, que recién comenzábamos a jugar al básquet o algunos empezaron a hacerlo profesionalmente. Ellos nos marcaron en muchas cosas, eso hizo que mucha gente, del básquet y de otros deportes, se sintió identificada con eso y fue algo increíble lo que lograron, en lo deportivo y en lo extra deportivo. Ese camino también le marcaron a la generación que seguía, la que logró el subcampeonato del mundo, que fue algo muy importante. Si la tengo que comparar con el fútbol, nos que esté tan metido o haya leído mucho, al ser demasiado popular y con muchas presiones de “Tenes que ganar un mundial”, no se le dio la importancia real de las cosas. Por llegar a la final de un mundial y perderla, la gente critica a los jugadores. Son dos realidades totalmente diferentes. Por ejemplo: El básquet perdió una final del mundo y fuimos héroes, ellos son criticados. Hay otro tipo de periodismo en el fútbol que no ayuda, y en el básquet es al revés.

V.D.: -Ser canalla es…

N.P.: -Para mí, es la familia, la herencia que me dejó mi abuelo, el sentimiento al club. Más allá de que otro te puede decir «pasión», lo tomo más como que te une como familia, a todos los hinchas de Central. Me ha pasado de encontrarme con hinchas canallas por el mundo y pegarnos un abrazo. Es un enfermo, un fanático, y gracias a la herencia familiar uno puede sentir eso por estos colores.

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