RACING: A 18 AÑOS DEL PASO A PASO

Foto: Foto Baires

El fin del letargo quedará eternamente inmortalizado con un país en crisis absoluta. Nadie podrá separar el título que cortaba la sequía tras 35 años con el caos que vivía la República Argentina. Como así tampoco ninguna persona osará a olvidar que aquél 27 de diciembre de 2001, esas tres décadas y un lustro tuvieron su función decisiva con su fieles hinchas llenando dos canchas y el Obelisco. “El paso a paso se terminó, somos campeones la puta que lo parió” fue el himno que sonaba por todas las calles con una alegría descomunal.

Llovió en la primera fecha y en la última. También contra San Lorenzo hubo un aguacero apasionante. La gente colmaba cada fecha, donde sea. La popular del Palacio, Tomás Adolfo Ducó, colapsó por partida doble ya que Racing fue visitante de Huracán y luego de Banfield. El valor de una popular ascendía a 14 pesos que, al estar aún la convertibilidad, eran catorce dólares. Algo así como 840 mangos una general cada fin de semana.

Sobre el final del Clausura 2001, desde La Quiaca a Ushuaia, además del peso existían dieciséis cuasimonedas a lo largo y a lo ancho del territorio. Estaban los Patacones, los Lecop, Córdoba contaba con sus Lecor, Entre Ríos emitía los Federales, Chaco el Quebracho y así las provincias empezaban también a tener su divisa. Al fanático de la Academia poco le importaba eso. Tampoco le hacía caso al estado de sitio impuesto por Fernando de la Rúa que un día más tarde renunciaría a su cargo de presidente de la República Argentina. Sólo se compadecía por el mal momento que atravesaban millones de compatriotas aunque, honestamente, algo en su corazón latía de otra manera que le nublaba parcialmente la visión, que le permitía reconocer el presente pero que a su vez sólo quería observar el futuro cercano.

Racing empezó el torneo con el gobierno del «Chupete» pero no lo terminó siquiera bajo el mandato de Ramón Puerta. El 23 de diciembre asumió Adolfo Rodríguez Saá y 96 horas más tarde, en el José Amalfitani, se pudo jugar al menos el partido más esperado de los últimos 35 años para los de Avellaneda. Las fuerzas de seguridad hicieron un esfuerzo enorme para que la espera no tuviese que hacerse desear. River, el escolta, también disputó su compromiso en el Monumental goleando a Rosario Central.

Es cierto. El país estaba colapsado pero la ansiedad del hincha de la Academia no soportaba al 2002 que quedaba a la vuelta de la esquina. En Liniers hubo acción. Diluvió, como en aquella primera fecha ante Argentinos Juniors. Se mojaban los pesos. Los patacones. Los Lecop. ¡Qué importaba!. Cabeceó Gabriel Loeschbor. Era offside pero lo cobraron. Era un rapto de justicia por mano propia ante un sinfín de injusticias que los más fieles soportaron durante décadas. Empató Mariano Chirumbolo quien tal vez que eternizado en el recuerdo como el último villano que quiso hacer trizas las esperanzas racinguistas.

El 1 a 1 ante Vélez lo coronaba. Gastón Sessa fue a cabecera en busca del triunfo que hubiese condenado una vez más a un club golpeado que aguardaba por su resurrección. Gabriel Brazenas pitó el final. Lágrimas, gritos, euforia. El país estaba destrozado pero el sol salía a pesar del cielo gris para un Racing que, de la mano de Reinaldo Carlos Merlo, le ponía fin a 35 años sin títulos locales. La ilusión iba «Paso a Paso». Hasta que se terminó y su gente pudo gritar «somos campeones la puta que lo parió».

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